Grabar vídeo con cámaras Dslr

Desde que apareció la Canon EOS 5D Mark II se ha popularizado grabar vídeo con cámaras Dslr. Hay muchos motivos para este éxito, como la inmensa calidad que proporcionan los grandes sensores que permiten jugar con la profundidad de campo; o el hecho de poder trabajar con bajos niveles de iluminación sin miedo al temido ruido digital, entre otros muchos.

Pero sobre todo su bajo precio, en comparación con cámaras realmente cinematográficas, ha influido en su éxito para la grabación de imágenes en movimiento.

 

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Sin embargo no todo son buenas noticias, y hay problemas muy graves que nos obligan a trabajar más de lo que lo haríamos con una auténtica cámara de vídeo. El secreto es conocerlos y ser conscientes de las limitaciones de un equipo fotográfico usado para fines cinematográficos.

Cuando los superemos, tendremos en nuestras manos equipos perfectos para rodar. Pero antes de adentrarnos en ellos vamos a ver los primeros pasos que tenemos que dar para rodar nuestras futuras obras maestras.

El formato de grabación

Al igual que en fotografía existen distintos formatos, como el TIFF, el jpeg o el único e imprescindible RAW, en vídeo el tema crece exponencialmente, y por lo general, en la cámaras Dslr el formato, el códec elegido, suele ser comprimido, para poder tener un flujo de grabación lógico y constante.

Las cámaras cada vez tienen una mayor calidad de imagen, y el bitrate va aumentando de forma significativa. La cantidad de datos que genera un archivo de vídeo por segundo es muy alta, y puede llegar a alcanzar en el caso que tenemos entre manos los 40 Mbps.

Esto no quiere decir que a más bitrate tenga más calidad. De hecho, el famoso códec h.264 no es precisamente conocido por su calidad. Hay muchos problemas, pero el más importante es la resolución real. Un sensor de 20 Mp tiene que hacer un tremendo ejercicio de compresión para poder dar un FullHD; por no hablar del muestreo de color de las Dslr, que entre otras cosas, impide hacer hacer un buen chroma… Lo mejor sería convertir posteriormente ese códec con algún conversor.

Un sensor de 20 Mp tiene que hacer un tremendo ejercicio de compresión para poder dar un FullHD

El bitrate, los datos que se guardan por segundo, obliga a que utilicemos siempre las tarjetas más rápidas del mercado para no tener problemas de saltos en la imagen, las famosas tarjetas SD de clase 10, que indica que la velocidad mínima de escritura garantizada es 10Mbps (megabits por segundo).. Otra historia es si empleamos tarjetas CF, donde no está garantizada dicha velocidad.

Y una de las limitaciones más importantes de las cámaras Dslr es el tiempo de grabación. Sólo se puede grabar un plano secuencia de 29 min 29 sg; incluso están limitadas a 4 Gb de peso, por aquello del FAT32. Esto no parece muy grave, pero imaginaos que hay que grabar una obra de teatro o un discurso… Hay otras opciones, como acoplar a la cámara un grabador externo, pero ya empezamos a gastar más dinero del que teníamos pensado.

Configurar la velocidad de obturación

Para rodar no podemos jugar, o no se debería, con la velocidad de obturación. Es un parámetro del triángulo de exposición que debe permanecer fijo e invariable, al menos en nuestra introducción en este mundo. ¿Pero qué velocidad hemos de poner?

Para no tener problemas y seguir con algo que funciona desde los tiempos del vídeo analógico, lo más sencillo es grabar siempre al doble de fps que hayamos seleccionado en la cámara. Es decir, si nos inclinamos por 25fps la velocidad de obturación es 1/50. Eso sí, en las Dslr más modernas se puede grabar con una velocidad de obturación igual a los fps. Es cuestión de probar y verificar esta información en vuestra cámara.

Ajustar los fps

Bajo esta medida se esconde la cantidad de fotogramas que podemos exponer en un segundo para conseguir un movimiento fluido de las imágenes. Desde los tiempos del cine silente, cuando los técnicos de cámara daban vueltas a la manivela canturreando un tango para encontrar la frecuencia exacta, se ha buscado el número exacto de fotogramas por segundo para crear la ilusión del movimiento, pues el cine no es más que una sucesión de fotografías.

Los fps más comunes son 24, 25 y 30. Luego vienen los 60, 120, 240, 1000… especiales para vídeo de alta velocidad. Es un tema muy extenso, y puede dar lugar a acaloradas discusiones. Para resumir, si queremos darle un aspecto cinematográfico, hay que trabajar a 24 fps.

También es el momento de decidir si queremos grabar en progresivo (p) o entrelazado (i). De entrada recomiendo que hay que grabar siempre en progresivo. La diferencia es que el entrelazado, que da vídeos de menor peso, captura fotogramas con líneas pares e impares alternas, mientras que el progresivo genera fotogramas de cuadro completo. Y si grabamos en entrelazado, el movimiento no queda natural. Eso sí, si grabamos algo estático o que se mueve lentamente…

La exposición

En el mundo del vídeo la exposición no tiene las mismas libertades que en fotografía. Tenemos que partir de una premisa que he señalado más arriba: la velocidad de obturación es fija, y sólo podemos variar la sensibilidad y el diafragma.

Esta limitación puede llegar a suponer serios problemas a la hora de conseguir una exposición correcta. Subir o bajar el ISO cambia la calidad de imagen y variar el diafragma altera la profundidad de campo de la imagen.

Es importante trabajar, si queremos resultados profesionales, siempre en modo Manual. Dejamos fija la velocidad de obturación en función de los fps que hayamos elegido y con el diafragma, la sensibilidad vamos ajustando el histograma hasta conseguir un buen resultado.

¿Cuál es la exposición correcta? No es fácil responder a esta pregunta, pues no hay una respuesta única. Con estas cámaras, que graban en un formato comprimido, es fundamental dar con el punto exacto de luz. El mejor consejo es trabajar con el histograma a la vista y vigilar que rellene tanto la zona de sombras como la de luces. Pero si queremos un resultado óptimo tendríamos que poder acoplar un LCD con un monitor en forma de ondas, algo que sube el coste final.

¿Cuál es la exposición correcta? No es fácil responder a esta pregunta, pues no hay una respuesta única

Respecto al ISO hay que trabajar con múltiplos de 160 para aprovechar mejor el rango dinámico a la hora de corregir el color en postproducción si nos decidimos por utilizar los perfiles de cámara. También permite bajar el ruido, pero esto es una afirmación que es mejor comprobar con nuestra cámara en un día intenso de prácticas antes de hacer algo importante.

Y sería importante tener un buen número de filtros de densidad neutra para poder exponer con precisión, pero es otro gasto que tendríamos que asumir si queremos resultados profesionales.

El equilibrio de blancos

Dentro de la exposición, aunque mucha gente no lo tenga en cuenta, el equilibrio de blancos es una de las herramientas principales para conseguir el mejor archivo posible y tener menos problemas posteriores durante la corrección de color.

Desde luego hay que olvidarse del ajuste automático. Las variaciones de temperatura puede ser un auténtico quebradero de cabeza. Por eso hay que buscar en nuestra cámara cómo ajustar el equilibrio de blancos personalizado.

Con la ayuda de una carta de color medimos sobre la carta gris y memorizamos ese ajuste para esa luz en concreto. Cuando cambiamos de iluminación, habrá que hacer todo el proceso de nuevo.

Elegir el perfil adecuado

Las cámaras Dslr suelen grabar con un códec H.264, ideal para la grabación y la reproducción. Pero no sirve en absoluto para la postproducción, dada la compresión a la que somete a los archivos.

Si queremos, no obstante, trabajar con este códec en el ordenador, una de las mejores opciones es configurar la cámara con un buen perfil, que afecte lo menos posible al archivo y nos permita posteriormente una buena postproducción. Es decir, nos permite exponer con más precisión.

Dentro del mundo de los perfiles de color tenemos dos opciones muy interesantes para Canon, el perfil Cinestyle de Technicolor, o el Cinema de CinePlus. Las imágenes serán muy planas, con colores apagados, pero este defecto es precisamente su virtud.

El sonido

El sonido que graban las cámaras Dslr es de muy mala calidad. Y tienen un problema añadido: cualquier manipulación que hagamos durante la grabación quedará registrada; cualquier tecla que toquemos se percibirá cuando reproduzcamos nuestro trabajo.

Por este motivo es necesario que compremos un buen equipo de grabación de sonido que podamos acoplar a la cámara. Hay miles de opciones en el mercado, de distintos precios, pero uno de los más usados es el Rode VideoMic, un micrófono unidireccional, muy útil cuando el sonido principal se da enfrente de la cámara. Y como opción extrema, podemos probar la grabación de sonido con el teléfono móvil.

La sujeción

Para poder grabar con calidad profesional no podemos descuidar la estabilidad de las imágenes. Tenemos que colocar la cámara sobre trípode o sobre soportes que permitan el movimiento libre de la cámara mientras avanzamos con ella. No podemos sujetarla con la mano, pues uno de los mayores problemas de este tipo de cámaras es su escasa ergonomía.

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Cuando estamos empezando podemos hacer planos fijos con la cámara sobre trípode, pero enseguida nuestras grabaciones resultarán aburridas y no destacarán entre la competencia.

Por eso es necesario invertir en diversos accesorios como estabilizadores, o un buen grip para sujetarla al hombro… No son cámaras pensadas para vídeo y si queremos que así sea, tenemos que invertir en numerosos artefactos que aumentan su tamaño y peso.

Quedan cosas por ver, como el tema del enfoque automático, que a pesar de los esfuerzos de las marcas por mejorarlo, nunca superará al manual, al menos en el apartado del vídeo.

¿Con todo este artículo que quiero decir? Que el boom de la cámaras Dslr con función de grabación de vídeo supuso la democratización del cine, pero presenta más problemas que hacerlo con una cámara de vídeo real. Es más barato y para empezar en este mundo es la solución perfecta, pero si te quieres dedicar profesionalmente, hay que saltar a las cámaras profesionales.

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