Cuando publiqué, hace 12 años, los diez pasos de revelado no tenía ni idea de lo importantes que iban a ser en mi vida fotográfica. El decálogo de revelado se ha convertido en la base de mis clases y un flujo de trabajo seguido por muchos aficionados y profesionales, incluso en las redes. Hoy toca revisarlo y mejorarlo.
Era la época dorada de los foros y allí fue bien acogido. Incluso muchos autores me citaron y lo adaptaron, como el gran Fotolarios. Otros hasta cambiaron su forma de revelar por aquel entonces…
Hacer una fotografía no es fácil. Y revelarla correctamente tampoco. No es algo imposible al alcance de unos pocos. Lo más complicado es saber qué queremos hacer con ese disparo, lograr que el espectador se quede atrapado.
Soy hijo de la fotografía química. Y dentro del laboratorio tenías que seguir una serie de pasos para lograr el mejor resultado posible. Era algo que no existía entonces en el revelado digital. Todo consistía en ir tocando los deslizadores hasta lograr un revelado parecido a lo que queríamos. O copiar fórmulas que solo permitían lograr el estilo de otros fotógrafos.
Después de muchas pruebas con todos los programas de entonces, cientos de horas delante del ordenador probando mil técnicas y estudiar todo lo que proponían autores como José María Mellado, Hugo Rodríguez o Scott Kelby, lancé mi decálogo de revelado. Con la figura de Ansel Adams como referente.
El objetivo del decálogo de revelado
El objetivo es conseguir que nuestro archivo tenga toda la información distribuida de la mejor forma posible para poder dirigir la mirada del espectador cuando lo terminemos de revelar en nuestro software favorito. Y siempre según nuestro estilo personal.
… permite avanzar sin tener que retroceder para ajustar cualquier parámetro.
Un RAW es un punto de partida -nunca el final- con tal cantidad de datos que tenemos que ordenarlos para lograr nuestro objetivo. Y los diez pasos son la primera etapa que tenemos que recorrer para llegar a la meta.
Es un flujo de trabajo, como nos hemos acostumbrado a decir ahora, que distribuye la ingente información que tiene un archivo RAW y que permite avanzar sin tener que retroceder para ajustar cualquier parámetro. Esto nos permite ir más rápido y con la seguridad de estar haciendo bien las cosas.

Ha pasado mucho tiempo desde que lo presenté, y después de tantos años dando clases, me he dado cuenta de que ha llegado el momento de adaptarlo a los nuevos tiempos y mejorarlo. Así que, sin más demora, aquí tenéis los diez pasos de revelado.
1. Ver la fotografía
El paso más complicado para todos los alumnos. Tenemos que visualizar la fotografía, un concepto que introdujo Ansel Adams y que no es otra cosa que ser capaces de ver cómo quedará nuestra fotografía una vez revelada.
Porque una cosa es el aspecto que tiene después del disparo y otra es lo que queremos comunicar. Es el momento de apuntar cuál es el elemento principal, cómo queremos las luces y las sombras, si terminará en color o en blanco y negro…

Es lo que nos distingue a los fotógrafos de los disparadores de cámara amigos de los automatismos. En una fotografía contamos nuestra forma de mirar. Y lo más difícil es tenerlo claro.
Después de muchos años, me he dado cuenta de que es lo que más le cuesta a los fotógrafos: ¿qué es lo que puedo hacer con este archivo? Nos tenemos que sentar delante de la pantalla y distinguir lo bueno de lo malo, qué es lo que sobra, qué falta, si hace falta recortar o no… Reinterpretando a Ansel Adams, el RAW es la partitura y el revelado es la interpretación.
Reinterpretando a Ansel Adams, el RAW es la partitura y el revelado es la interpretación.
2. Analizar el histograma
Si comprendemos todo lo que nos dice el histograma, sabremos si será posible todo lo que nos hemos propuesto en el primer paso. Es el chivato técnico para conocer de primera mano las virtudes o defectos de nuestro disparo. Es la única referencia objetiva que tenemos.
Nos permite confirmar si hay mucho o poco contraste, si no expusimos correctamente, si hay dominantes de color tanto en las luces como en las sombras… Y todo con solo mirarlo.
Además, en la mayoría de los programas, es posible ver los datos de exposición, para saber si tenemos mucha o poca profundidad de campo según el diafragma, o si es posible que la fotografía esté trepidada por un tiempo de obturación lento. O si es posible que tengamos mucho ruido digital por una mala exposición o un ISO alto.
3. Reencuadrar la fotografía
Es el momento de recortar la fotografía si es necesario, si queremos ajustar el encuadre o trabajar con otra proporción distinta a la de nuestra cámara.
Recomiendo trabajar siempre con proporciones estándar como 1:1, 3:2, 4:3 para evitar futuros problemas a la hora de imprimir o al colgar las imágenes en las redes sociales.
Recortar una fotografía no es un pecado, no nos hace peores fotógrafos y puede que nos permita darle más fuerza a la lectura de la imagen por parte del espectador.
4. Solucionar los problemas ópticos
Nuestros objetivos tienen aberraciones ópticas, distorsiones y viñeteados. Además, nuestros sensores pueden estar llenos de polvo y pueden haber generado mucho ruido. Con solo dar a un botón, solucionamos estos problemas en un abrir y cerrar de ojos.
En primer lugar, ajustamos una corrección óptica. Este cambio modifica la exposición y mejora la nitidez general de la fotografía. Y evita muchos problemas de halos en el revelado por zonas que haremos en el futuro.

En segundo lugar, aprovechamos para limpiar las motas de polvo que tendremos en nuestro sensor, mucho más visibles si trabajamos con diafragmas cerrados. Sería una pena arruinar todo nuestro trabajo por una mancha en el lugar más inoportuno.
Y por último eliminamos el ruido digital con la inestimable ayuda de la IA. Eso sí, si sabemos cómo exponer, no hará falta.
5. Elegir las dominantes de color
Las dominantes de color condicionan el aspecto final de nuestras fotografías. La interpretación de la imagen varía según la dominante. Los carretes solo están calibrados para una temperatura de color. Pero en el mundo digital podemos elegir.
Antes buscaba neutralizar, ahora busco elegir. En un día frío la luz es azul, al atardecer es más cálida. Ajustar la dominante es fundamental por el carácter que imprime y además influye, y mucho, en la exposición.
También es el momento oportuno para elegir el perfil con el que vamos a empezar a ajustar las luces y las sombras. ¿Qué es el perfil? Un ajuste interno del archivo RAW por parte del software elegido que controla el contraste, el brillo y la saturación. No es gestión del color, pero influye en su futura aplicación.
Recomiendo olvidarse de los perfiles que abusan de los tres parámetros y siempre acudo a los que dejan la imagen lo más plana posible. Recuerda, el decálogo distribuye la información basándose en nuestra visualización, su objetivo no es terminar la foto, sino lograr el mejor punto de partida posible.
6. Ajustar la luminosidad
Es un paso que depende de nuestra forma de exponer, de cómo sea el histograma de la fotografía y de nuevo, de nuestra visualización. Se controla en la mayoría de los programas con el parámetro de Exposición, o Brillo en alguno de ellos.

Es importante registrar la luz que había en el momento que apretamos el obturador. Ese dato está registrado como una compensación de exposición. Si hemos ‘derecheado’ el histograma un paso, por ejemplo, lo que tenemos que hacer es bajar un paso la luminosidad. Así recuperamos la luz del momento.
Pero si trabajamos en Manual, como si siguiéramos trabajando con película química, lo único que recomiendo es ajustar la luminosidad si observamos que el histograma está totalmente volcado en un extremo u otro. Si está más o menos centrado, no hace falta hacerlo.
7. Controlar el contraste
El contraste es una elección personal, tal como decía Ansel Adams. Permite marcar la separación entre los negros y los blancos profundos, separando o marcando los detalles en los extremos de la luz.
Además, afecta a la saturación del color y aumenta la sensación de nitidez. La forma más sutil y controlada de aplicarlo es con las Curvas, porque permiten dejar fijos los extremos y ajustar todas las luminosidades.
8. Definir las luces a la derecha del histograma
Hay que colocar la información de las luces de tal manera que el histograma roce el extremo derecho y que los valores más altos se repartan según nuestra interpretación. Y no hay nada más incómodo en una fotografía que una zona blanca sin detalle.
En los programas encontramos dos parámetros, como Blancos e Iluminaciones, en Adobe Lightroom. Blancos trabaja para dejar el histograma en el valor máximo de salida. Es decir, nos permite evitar quemar las luces más altas.
A continuación, Iluminaciones oscurece o aclara, según la información de la fotografía, los valores más claros para lograr una transición suave en la parte derecha, la que va desde el punto medio hasta el valor que hemos ajustado con el otro parámetro.
9. Ordenar las sombras a la izquierda del histograma
Una vez colocadas las luces, llega el turno de las sombras. Nuestra mirada permite una zona mayor de subexposición, si las luces están bien colocadas.
Nuestro objetivo en este punto es conseguir que el histograma roce el extremo izquierdo y que los valores más oscuros tengan matices suficientes para diferenciarlos. En los programas de Adobe tenemos Negros y Sombras.
Así, junto con el punto anterior, ampliaremos el rango dinámico de nuestra fotografía para poder elegir cómo dejarlo finalmente en el revelado final.
10. Aumento de la acutancia
Y llegamos al último paso. No podemos olvidar que siempre miramos primero a lo que está más nítido, así que ya tenemos otra clave para dirigir la mirada del espectador.

Con la ayuda de la IA, podemos seleccionar directamente en el RAW el elemento principal y aplicar el parámetro de Textura, que no es más que una curva de contraste solo en las zonas medias.
Y es un paso perfecto porque es la primera vez que hacemos un ajuste local, lo que nos conecta con el revelado por zonas que dará sentido pleno a nuestra imagen.
Un decálogo de revelado para mejorar
No tienes que hacer más con tu archivo antes de ponerte a trabajar zona por zona. Es una rutina que cambia solo por la fotografía. En cuanto lo asimiles, tardarás apenas dos o tres minutos en tener todo listo. No consiste en dejar la foto terminada.

Y lo mejor de todo es que funciona con cualquier programa del mercado, desde Adobe hasta el nuevo módulo de fotografía de Da Vinci Resolve. Hasta lo podemos hacer con un jpeg, aunque tenemos menos margen de mejora por la poca información que almacena.
Espero que esta actualización os anime a investigar y crear vuestro propio método de revelado para lograr dos cosas: la máxima calidad técnica posible y encontrar la forma de enseñar vuestro propio estilo.

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