¿Photoshop es delito?

En los EEUU se presentó el año pasado un proyecto de ley para regular el uso de Photoshop en la publicidad y sentar las bases para recomendar un uso adecuado del programa. El problema es que no es el culpable de las atrocidades que se hacen en nombre de la moda. Los culpables son otros y jamás lo reconocerán.

En los EEUU promovieron una ley contra el uso de Photoshop indiscriminado. Dicho proyecto de ley, que era conocido como Truth in Advertising Act, lo presentaron dos republicanos y un demócrata, con el apoyo de numerosas asociaciones, y pretendía regular el uso del programa en los anuncios y sentar las bases para evitar los malos hábitos y los engaños en la publicidad.

El problema es que se pone de nuevo el uso de Photoshop en la picota, cuando la culpa de todo lo que está pasando es de aquellos que quieren engañar para vender más. No le echemos la culpa al programa que es lo fácil, fijémonos en lo que provoca que hagamos y aceptemos un uso indiscriminado del programa.

El mundo de la publicidad nace para vender los productos haciéndolos más apetecibles, y recurre a cualquier cosa que le sirva para aumentar las ventas. Y si hay que mentir para conseguirlo, se miente. Hay muchas formas de mentir, de engañar o de hacer ver las cosas de otra manera. Y una de las herramientas que han encontrado es la manipulación. Lo que pasa es que mal realizada es mucho más evidente y poco creíble.

Porque la manipulación para vender ha existido siempre. Los faraones siempre se representaban más grandes en las pinturas y grabados de los templos. En la Edad Media, los reyes eran más grandes que las reinas y sus súbditos. Los grandes pintores del Renacimiento y el Barroco siempre estilizaban y mostraban bellos a sus gobernantes. Y en pleno siglo XXI pasa exactamente lo mismo. Los que están arriba siempre buscan aparecer en los medios de la mejor forma posible, al igual que los productos que nos venden.

En la Edad Media, los reyes eran más grandes que las reinas y sus súbditos. Los grandes pintores del Renacimiento y el Barroco siempre estilizaban y mostraban bellos a sus gobernantes. Y en pleno siglo XXI pasa exactamente lo mismo.

Photoshop hace magia, de acuerdo. En buenas manos, es capaz de transformar una persona en un estereotipo o idealizar hasta límites insospechados a una actriz, una cantante o a un futbolista que hayan contratado para vender una colonia o unos calzoncillos. Ahora todo es perfecto. Nadie tiene grasa, ni un pelo mal colocado, ni ojeras… a no ser que se quiera vender otro tipo de imagen polémica. Con mucha práctica, cualquiera puede hacer hasta de mi una persona hermosa donde las haya con Photoshop.

Pero dentro de esta polémica, que ya lleva muchos años coleando, a muchos se les olvida que Photoshop no es el único culpable. Sólo es el último en llegar, y por eso es fácil echarle las culpas. La fotografía es mentira, o al menos subjetiva, para los que no les guste la radicalidad. El fotógrafo decide qué aparece en su encuadre, delimita la realidad entre cuatro cortes. Lo que queda fuera no importa. Luego decide el color o una escala de grises (no hay nada más mentiroso). Y juega con la luz para conseguir que el objeto o la persona luzcan lo mejor posible. Y si es un retrato, el maquillaje y la peluquería pueden transformar a cualquier persona en un personaje ideal.

Photoshop está para arreglar los posibles fallos de la sesión, como la cara de sueño del modelo o esos pelos que han quedado descolocados. El problema viene cuando desde el departamento de publicidad piden una talla más de pecho, unos muslos sin celulitis o una cara sin arrugas de expresión. Y otra cosa son los malos retocadores sin conocimientos de anatomía o con muchas prisas (posiblemente presionados por sus jefes) que crean muñecas barbies de carne y hueso, con manos que llegan a las rodillas, o chicas con el horrible y antinatural, en la mayoría de los casos, thigh gap, que es el hueco entre los muslos.

No deberían confundirse los trabajos limpios de autores como Natalia Taffarel o Jorge Salgado, que mejoran el resultado de la fotografía de la misma forma que un fotógrafo, iluminador, maquillador y peluquero juntos, que los trabajos vergonzosos que se pueden ver en muchas revistas y catálogos on line de ropa.

Photoshop no es pecado. Lo que está mal es usarlo de forma inadecuada. Es una herramienta que sirve para corregir y mejorar, o expresarse de otra forma, con un lenguaje digital que permite crear mundos bajo otro punto de vista. Es hipócrita culpar sólo al programa, cuando es únicamente una herramienta. Los culpables son otros, y todos los conocemos.

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