Retrato fotográfico

Reflexión sobre el retrato fotográfico después de una experiencia profesional

He vivido una historia que me ha hecho pensar mucho en el poder y la importancia de la fotografía. Y tiene que ver con el retrato fotográfico. La fotografía forma parte de nuestras vidas y no tenemos que olvidarnos de ella.

Hace unos meses me pidieron fotografías de una fiesta que cubrí hace años. Uno de los asistentes había fallecido y su familia no tenía imagen alguna de él para poner una placa en su tumba.

En las fotografías aparecía junto a otras personas, con una copa en la mano. Feliz. Pero no era un retrato. Aquel trabajo era de 2018. Y su familia no tenía nada más.

Con ayuda de la IA, pude disfrazar un poco aquellas instantáneas, pero me llamó poderosamente la atención que, en plena era de la imagen digital, haya gente que no tenga un buen retrato, más allá de la que ponemos en el DNI.

La fotografía propició que todos pudiéramos ser recordados sin necesidad de pertenecer a la nobleza o ser rico. A cambio, todos seremos rostros anónimos con el paso del tiempo. Solo hace falta pasear un domingo por el Rastro para comprobarlo al ver las fotografías apiladas en el suelo.

El retrato fotográfico es uno de los pilares de este mundo, pero ha tenido que recorrer un largo camino para llegar al momento actual. Y a pesar de todo, muchos no tienen ese disparo por el que serán recordados.

Una breve historia del retrato fotográfico

Los primeros fotógrafos tenían que luchar contra el tiempo. Las exposiciones podían llegar a los quince minutos. Por este motivo se empezó practicando con difuntos, para evitar el movimiento. Afortunadamente, los nuevos procedimientos acortaron el tiempo. Pero posar era poco menos que un suplicio.

En muchos museos y asociaciones históricas podemos ver los artilugios que utilizaban para que los modelos no se movieran en absoluto. Algunos, como los apoyacabezas, no se veían en la imagen. Otros eran más evidentes, como las mesas o los respaldos de los asientos.

Pero no fue hasta la llegada de Gaspard-Félix Tournachon, conocido como Nadar, cuando el retrato fotográfico empezó a llamar la atención por su calidad. Curiosamente, y esto es una de las cosas que tenemos que tener en cuenta a la hora de disparar, siempre disponía a sus conocidos modelos con un fondo y neutro y se centraba en el personaje.

Julia Margaret Cameron

Muchas veces se olvida a Julia Margaret Cameron, que ha pasado a la historia por no dominar la técnica. Sin embargo, aunque sí que parecía un poco descuidada, el hecho de buscar ese foco suave, esa trepidación y ese contraste excesivo nos damos cuenta de que consiguió un estilo personal (otra cosa que debemos tener en cuenta).

Henri Cartier-Bresson y las nuevas formas de mirar

Y saltando mucho en la historia llegamos al trabajo como retratista de Henri Cartier-Bresson. Aunque no es su faceta más conocida, su trabajo como retratista ha marcado a más de una generación. Probablemente por su formación como fotógrafo de calle, descubrimos que en sus retratos prima la aparente improvisación.

Uno de los retratos más conocidos es el del matrimonio Curie, Irène y Frédéric Joliot-Curie. Cuando abrieron su puerta les hizo una fotografía. Ese disparo es el que se terminó publicando por la espontaneidad de la situación. Siempre hay que estar listo con la cámara en la mano para captar justo lo que queremos.

Irène y Frédéric Joliot-Curie Henri Cartier Bresson

Avanzando un poco más, nos encontramos con mi dios personal, con Richard Avedon. Destacó por muchas cosas, pero muchos le recordamos y veneramos por sus retratos. Parecen espontáneos, naturales. Pero son el resultado de jornadas agotadoras en las que Avedon buscaba dejar sin defensa a los protagonistas para sacarles todo el jugo.

Cuando estuvieran agotados de mirar a la cámara, porque pocas veces se miraban directamente a los ojos, él hacía la foto con su Rolleiflex o su cámara de gran formato. Desde luego no actuaría así siempre (cómo me gustaría hablar con alguien que posara para él, como la modelo Inés Sastre).

Richard Avedon

Otras veces fue más cruel, como con los duques de Windsor, con los que no tenía empatía alguna por su amistad con Hitler. Así que para sacarles como les veía (algo muy importante) les dijo, sabiendo su amor por los perros, que había atropellado a uno. Estamos viendo a dos personas descolocadas e interpretadas por el autor.

Un retrato no es una semejanza. En el mismo instante en el que una emoción o un hecho se convierten en una fotografía, dejan de ser un hecho para pasar a ser una opinión.

Y llegamos a su sucesora, Annie Leibovitz. El trabajo de esta gran autora ha pasado por todas las fases que hemos visto en los demás autores. Todos partieron de una mirada única y luego evolucionaron por distintos caminos. Annie Leibovitz empezó improvisando con esas sesiones malditas con sus majestades satánicas y ha terminado convirtiendo sus disparos en una orgía visual de Photoshop.

¿Y qué hacemos con nuestros retratos?

A lo mejor, algún día nos retrata un grande. Pero debemos contar con lo que tenemos a nuestro alcance. Con los amigos, la familia o incluso nosotros mismos. Hay que dar la oportunidad a la gente que sabe sentir con una cámara.

Es importante mirar a la cámara alguna vez en la vida, más allá del fotomatón para los documentos oficiales. Un buen retrato nos revela como somos, o al menos nos dice quién queremos ser.

Siempre podemos acudir a los maestros, como los que he recordado en el artículo, para aprender. Hay que buscar un estilo personal, trabajar sin descanso y tratar de encontrar la esencia.

No cuesta nada posar, y os lo dice alguien que no está cómodo delante de la cámara. No puede ser que en pleno siglo XXI no tengamos un buen recuerdo de cómo éramos.

El tiempo pasa y las generaciones futuras pueden querer saber quién era el abuelo que vivió entre dos siglos. O simplemente alguien nos vea en un lugar parecido al Rastro y cuente una historia a partir de nuestra fotografía. Es una buena forma de ser recordado.

Un comentario sobre “Reflexión sobre el retrato fotográfico después de una experiencia profesional”

  1. Me ha gustado mucho tu reflexión. Máxime porque la experimenté en mis carnes tras fallecer mi madre, de la que no teníamos buenos retratos… Luego me compré mi primera réflex y aprendí algo de fotografía para que no me faltaran bonitos recuerdos gráficos.

    Por cierto, que no conocía a Julia Margaret Cameron y me ha encantado descubrirla gracias al artículo que escribiste a raíz de una exposición en torno a su obra.

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