Esperar

Esperar cambia las fotografías

El otro día llevé a los alumnos, de uno de los cursos de fotografía que estoy dando, a una de las localizaciones que más éxito está teniendo estos últimos tiempos. Esperábamos una buena hora mágica típica de Madrid, pero la niebla apareció y comprobaron cómo esperar cambia las fotografías.

La idea era fotografiar la catedral de La Almudena desde una de las pasarelas del humilde río Manzanares. Nadie estaba convencido de poder hacer una buena fotografía con semejante tiempo. Muchos piensan que si el cielo no es el de Lo que el viento se llevó no merece la pena sacar la cámara de paseo. Y que si no queda más remedio habrá que pasarse por san Adobe Photoshop para deshacer el desaguisado del tiempo.

Hay muchas formas de hacer una fotografía pero las prisas nunca van a venir bien. Me explico. Lo primero es buscar una buena localización. Y el lugar al que les llevé es muy bueno. Tiene todo: tranquilidad, buenas vistas, reflejos asegurados en una ciudad que casi carece de ellos. Eso sí, como pase algún corredor la pasarela vibra como si fuera de un arquitecto valenciano.

Esperar
Primera foto

Ahí es fácil buscar un buen encuadre, una de las cosas más importantes para lograr una buena fotografía. Pero faltaba la luz, la clave fundamental de la fotografía. Sobre todo si quieres hacer paisaje.

El objetivo de la clase era esperar la hora mágica, ese momento en el que el día se hace noche. Apenas son quince minutos. Pero todo cambia en ese instante. Tuvimos que esperar unos 20 minutos, pero en cuanto se encendieron las luces de la ciudad, todo cambió.

Esperar
Última foto

Ese tiempo de espera compensó el frío, la sana curiosidad de los viandantes que nos veían con los trípodes desplegados, el miedo cada vez que pasaba un corredor a pleno ritmo. En ese momento el cielo azul se volvió morado. La fría catedral se llenó de tonos dorados. El agua del olvidado Manzanares nos devolvió todo reflejado. Y la foto salió al final. Incluso a uno de mis alumnos le han premiado en uno de los grupos de Instagram con un encuadre sensacional…

La clave es esperar

En muchos libros, grupos y tutoriales insisten en la necesidad de un buen revelado, un concienzudo flujo de trabajo para conseguir resultados espectaculares. Algunas veces se olvidan de los más importante: esperar la luz adecuada para disparar en el momento justo.

No se puede hacer la foto a cualquier hora y confiar que salga algo. Eso está bien si no tenemos pretensiones y sólo queremos recordar que hemos estado ahí, como hacen los turistas y los que no saben esperar.

No se puede hacer la foto a cualquier hora y confiar que salga algo. Eso está bien si no tenemos pretensiones y sólo queremos recordar que hemos estado ahí, como hacen los turistas y los que no saben esperar.

Si tenemos tiempo, hay que buscar la mejor localización posible y esperar a que la luz haga su trabajo. No podemos empecinarnos en disparar porque todo el mundo lo hace en ese preciso instante. La luz puede estar cegándonos pero muchos turistas no dudan en hacer la foto para ir corriendo a otro sitio y volver a hacer lo mismo.

Una buena fotografía exige tiempo, por muy manitas que seamos con los programas de edición. Si no tenemos la esencia, esa imagen no será buena.

Si esperamos a que la luz cambie, aprovechamos el tiempo para ajustar todos los parámetros: velocidad, diafragma, enfoque y sobre todo encuadre, llegará un momento en el que la luz definitiva hará acto de presencia y tendremos todo listo para hacer la foto de nuestra vida.

Fusión de las dos imágenes
Fusión de las dos imágenes

Como podéis ver en la fusión que he hecho de ambas imágenes, la fotografía a primera hora de la tarde, durante la preparación de la toma, es insulsa, plana, sin volumen.

Pero en apenas treinta minutos la luz natural se fue yendo y se fundió con las luces artificiales que hicieron acto de presencia y reflejaron sus colores en la niebla, que tomó matices violáceos. La iluminación de la catedral hace que destaque dentro del encuadre que buscamos. Su único secreto es ese, esperar.

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