Annie Leibovitz retrató a los reyes de España en febrero de 2024, para la colección del Banco de España. Se ha hablado mucho del retrato, un díptico que, como buena fotografía, cuenta muchas cosas en las que un fotógrafo se tiene que fijar. El resultado se puede ver en la exposición ‘La tiranía de Cronos’ que estará abierta hasta el 31 de mayo.
Es la primera vez que una fotografía pasa a formar parte de la colección del Banco de España. Y la primera vez que se le encarga a una artista extranjera. Además, el coste ha llamado poderosamente la atención a los medios.
Aquí vamos a centrarnos en la obra, en el trabajo que ha quedado para la posteridad, como los cuadros de Goya, Isabel Quintanilla, Carmen Laffón, Madrazo o Sorolla.
El díptico, dos fotografías inseparables, parecen cuadros. Tanto la elección del tamaño como del papel (lienzo de poliéster imprimado con tintas de secado UV), así como el marco elegido, refuerzan esta sensación.
¿Es uno de los mejores trabajos de Annie Leibovitz? El tiempo lo dirá. No sabemos si se ha hablado tanto de él por los personajes retratados o por la calidad final. Lo que no se puede negar es que su buen nombre ha llenado la sala y ha obligado a prorrogar la exposición un mes más.
Rey Felipe VI y Reina Letizia, 2024. Díptico de Annie Leibovitz
El título no deja lugar a interpretaciones. Como es habitual en su trabajo, solo pone el nombre de los protagonistas. Da su opinión con su mirada. Siempre me gusta adivinar si esa persona le cae bien o mal. Es lo que dejan ver los grandes.
Estamos ante un retrato doble dividido en dos. ¿El motivo, la referencia? No me extrañaría que siguiera la tradición de retratar a los reyes por separado, como podemos ver en la historia del arte. Dudo que tenga segundas intenciones.
Son dos fotografías, pero son una unidad. La temperatura de color y el encuadre son ligeramente diferentes, como si quisiera darle un toque artesanal, hecho con las manos.

El retrato del rey es más oscuro, más formal. Desde su vestimenta como su pose. Rodeado de mesas, sillones, espejos y ese reloj de autómatas que deja con la boca abierta, si lo conoces. En la fotografía solo lo intuyes.

El retrato de la reina es más sencillo, con ese punto de luz que es la ventana que debería convertirla en silueta si la magia del flash o del retoque digital no hicieran acto de presencia. Es precisamente esa luz, y la falta de símbolos reales, lo que llama la atención.
La sencilla composición de la fotografía
El rojo del fajín de capitán general y del chal de Cristóbal Balenciaga da todavía más unidad al díptico de los reyes. Les tenemos que mirar a ellos. Está claro, todo lo demás simplemente les acompaña.
Así que ya tenemos las claves de la composición, sin necesidad de dibujar líneas. Y sin irnos a Velázquez o Goya, como se ha escuchado y leído en más de una ocasión.
Nuestra mirada nos lleva a sus rostros iluminados, que contrastan con el fondo. Están perfectamente enfocados, aunque el diafragma cerrado conserva el detalle en el fondo.

La luz incide directamente en sus rostros, una luz cenital desde nuestra derecha que parecen compartir, como podemos ver en el reflejo de sus ojos. Luego está la luz natural, que da forma a la lujosa estancia.
La fotografía de Felipe VI está más recargada de elementos. La reina Leticia no tiene competencia en la fotografía, solo esa ventana quemada de luz.
¿Las fotografías están torcidas y el color cambia?
Son las dos cosas que más han criticado, lo que más se comenta, junto con los pies del rey que parecen que se salen del cuadro. El rey está inclinado hacia la derecha, la reina hacia la izquierda. Dicen hasta que la cámara no estaba bien nivelada.
El motivo acaba de confesarlo, por fin, en una de las entrevistas que ha dado en su reciente visita a Madrid. Todo viene de las investigaciones de David Hockney sobre la perspectiva.
Está inspirada en el trabajo de David Hockney. En un momento determinado, hizo un estudio sobre perspectiva y básicamente tomó muchas fotografías para crear la forma en que miramos. Recuerdo que cuando hizo eso, me enamoró y emocionó tanto, porque realmente es la forma en la que veo con mis ojos. Así que giro a la izquierda un poco para capturar al Rey, y para la Reina, un poco a la derecha
Annie Leibovitz: “Letizia es la reina más moderna de Europa” en La Vanguardia
Ahí está la nueva visión que empezó Cézanne; el pilar sobre el que se asentó el cubismo de Picasso y Braque que revolucionó la forma de mirar, algo que no había cambiado desde el Renacimiento.
No miramos de una única forma, con la proyección lineal que nos enseñaron en el colegio y que las cámaras copian tan bien. Lo que propone David Hockney es algo tan simple como reconocer que miramos con los dos ojos, lo que permite generar volumen.
Si combinamos en el cuadro, o la fotografía, ambas perspectivas, nos acercamos más a la representación fiel de la realidad. Y esto es lo que ha intentado Annie Leibovitz en este retrato.
El aparente problema del color en el retrato real
El color también es distinto, quizás no tan marcado como vemos en las revistas y páginas web, pero cambia. La luz no es la misma al lado de la ventana que al fondo de la sala.
Algunos hablan de un fallo garrafal, pero si sabes que las paredes de la sala real están bordadas con hilos de seda y plata, puede que te expliques fácilmente el cambio de color por la incidencia de la luz. Es la magia de un espacio rococó que no se terminó de hacer hasta el siglo XIX.

Desde luego es un efecto que llama la atención. Es mucho menos intenso si ves las fotografías en la sala de exposiciones. Pero ahí está, y le sirve para hacer bien la lectura de izquierda a derecha de la cultura occidental.
El color rojo, como he señalado más arriba, es el que une a los protagonistas. No es el mismo tono, pero es un tono cálido que arrastra la mirada. Los dos van de negro y ese tono contrasta y llama poderosamente la atención.
Todo es perfecto, tanto que sigue la senda de la última etapa de Annie Leibovitz, hasta las últimas consecuencias. El revelado digital llama la atención por encima de la pura intuición de su mirada.
La relación con los maestros de la pintura
Y es aquí donde empiezan a comparar con los maestros de la pintura. Dicen que los retratos recuerdan a Goya. Si miras los retratos, descubrirás que el inmortal zaragozano se olvidaba del fondo para centrarse en el retratado.

Incluso en la familia de Carlos IV el fondo no es relevante, ni siquiera reconocible, como la sala del Alcázar que vemos en Las meninas de Velázquez. De hecho, el fondo neutro que pintaban estos maestros fue una inspiración para Richard Avedon o Irnving Penn.
Lo más parecido que tenemos a Goya en estas fotografías, aparte de ser un retrato real, es que sus marcos son idénticos a los cuadros que tienen del autor en la colección del Banco de España.
También se señala la inspiración velazqueña, por la puerta oscura o la ventana de luz. Puede que sea una referencia, pero no cumple la misma función que en el retrato de la familia de Felipe IV. Desde luego, es una comparación atrevida, sin justificación alguna.
Esa puerta de luz velazqueña es clave en la composición del cuadro. Y en las fotografías simplemente sirven de relleno, no tienen función alguna.
¿Estamos ante un buen trabajo de Annie Leibovitz?
Tenemos que dejar que el tiempo pase para ver si formará parte de su siguiente retrospectiva. El alcance mediático está fuera de toda duda, pero la calidad artística necesita madurar.
No sabemos si tendrá el alcance del retrato de John Lennon y Yoko Ono, o de la instantánea de Demi Moore embarazada. Es un trabajo que no rompe su última época, donde el despliegue técnico puede llegar a apabullar.
Dicen las crónicas que tiende a llevar más equipo del necesario a las sesiones por un miedo exacerbado al fracaso. Queda muy poco de la naturalidad que tenía en los tiempos en los que trabajaba para la revista ‘Rolling Stone’.
Ahora todo tiende a la perfección, al mundo de la esfera de Condé Nast: ‘Vogue’ y ‘Vanity Fair’. Es más conocida por los retratos del aniversario de Disney que por las primeras locas imágenes del grupo Rolling Stones, Keith Haring desnudo en su estudio en 1986, Meryl Streep cuando recibió su primera nominación al Óscar…
En el discurso que dio al recibir el Príncipe de Asturias dijo:
La verdad es que la fotografía se inventó precisamente para que cualquier persona pudiera crear una imagen. Para que cualquier persona, de cualquier clase o posición social, pudiera tener una imagen de ella misma, o de sus familiares y amigos, o de los paisajes y las vistas y las cosas que fuesen importantes para ella. El poder de la fotografía es el poder de compartir nuestras experiencias con otras personas, al margen de las diferencias temporales, geográficas, de educación y de creencias. El poder de mostrar lo que, de otra manera, no podría creerse. El poder para detener y retener esos momentos que acaecen fugazmente a nuestro alrededor.
Es una defensora apasionada de la fotografía. Y alega que tiene el poder de mostrar lo que no podría creerse de otra manera. Para ella es la posibilidad de crear una imagen. Da igual la forma de hacerlo.
Es una forma de justificar el uso de las herramientas digitales para quitar lo que molesta, como el aparato de aire acondicionado que hay en la ventana de la fotografía de la reina y algún que otro ajuste escondido.
Creo que ahí está el problema. No se respira autenticidad en el disparo. Todo está colocado para que sea perfecto. Es mi impresión y es lo que me separa de lo que vemos.
Igual está bien hacer creer que el mundo es perfecto, que la vida es como un cuadro, donde el pintor coloca todo para causar una buena impresión. No hay una gota de improvisación. Y del tiempo dependerá decidir si es bueno o malo.

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