Aquí tenéis otro ejemplo de la fotografía en el museo, donde las personas son igual o más interesante que los cuadros, o mejor dicho. Se complementan. Unas se enriquecen y otros renacen.
El otro día estuve visitando la exposición de Ballester en la sala Alcalá 31, en la calle Alcalá 31 de Madrid hasta el 20 de noviembre. El premio nacional de Fotografía 2010 no era santo de mi devoción, como dicen las abuelas, pero tengo que reconocer su valía. El manejo de los espacios es la gran especialidad de este pintor reciclado a fotógrafo, con sitio preferente en todas las ferias artísticas. Sitúa perfectamente el horizonte, y sabe muy bien dirigir la vista con la ayuda de las líneas y de la luz, de la que se declara seguidor fiel. Sus fotografías de tamaño pictórico o de tamaño pabellón, gustan a todo el mundo, y mucha gente querría tenerlas en el salón de su casa, siempre y cuando no fuera de medidas estándar, que es lo que nos pasa a la mayoría.
Pero sus fotografías me parecen frías, asépticas, perfectas y no veo ni un rastro de vida. Esos edificios que plasma nacieron para ser habitados, pero los trata como esculturas distantes, como si nunca fueran a ser pisadas por los hombres para los que fueron ideadas. Y toda esta impresión mía, por no meter a la gente en sus fotos.
Menos mal que cada uno hace lo que le da la gana. Y puede que todo sea envidia, pues él vende mucho y caro y yo casi nada o nada.

Mariarosa
Ese mas que canoso caballero, con muy buen porte, tan informal y veraniego vestido y, sobre todo, ese sombrero, que le da el toque de distinción necesario, y que apenas transporta entre dos dedos, mientras deambula tranquilo entre los cuadros de un Museo o Exposición (¿Es la del fotógrafo que cuentas?), ese momento, te digo, que tan bien has captado, se merece un premio que te transporte al paraíso de tus ídolos…
admin
El pobre espero que no se diera cuenta, porque le perseguí por las salas en busca de la foto. Era todo un personaje.