Gervasio Sánchez

El otro día fui a la exposición retrospectiva de Gervasio Sánchez, con motivo de su Premio Nacional de Fotografía de 2009. Es uno de los más renombrados fotoreporteros del panorama español. Es una figura clave de los últimos veinticinco años. No solo por su labor fotográfica, que ahora veremos, sino por su labor docente en el Seminario de Fotografía y Periodismo en Albarracín, o en la escuela EFTI, donde tuve la inmensa suerte de tenerle como profesor. También destaca por su compromiso con la sociedad y su crítica a los políticos -muchos recordamos su discurso al recibir el premio Ortega y Gasset-.

La exposición, de entrada libre, está en la sala de exposiciones del Antiguo Edificio de Tabacalera. No se podía haber elegido mejor emplazamiento para sobrecogerte. El estado de abandono -a la espera de la futura rehabilitación para convertirse en la sede del Centro Nacional de las Artes Visuales- acompaña la crudeza de las fotografías. Y para avisarte sobre lo que vas a ver, en la entrada te recibe el sonido real de disparos durante la guerra, mientras se proyectan las fotografías que forman parte de la muestra.

La muestra está articulada en cinco grupos: América Latina, Balcanes, África, Vidas minadas y Desaparecidos. Y es maravilloso poder ver la evolución de un fotógrafo en los escenarios más duros. Desde el incipiente fotógrafo y estudiante de Periodismo, que va a América Latina con el dinero de su trabajo veraniego de camarero y que aprende sobre el terreno, de la mano de los grandes profesionales que estaban a su lado, hasta el maestro que es hoy en día en su serie Desaparecidos. Es muy instructivo ver la obra de un profesional que empieza por fotografiar duras escenas de guerra, al estilo del grupo de Sudáfrica, el club del bang-bang a un fotógrafo mucho más depurado (esos retratos tan duros con fondos neutros que te obligan a pensar sobre lo sucedido y la maldad humana) que se fija en las consecuencias de la guerra. Y siempre dedicándole tiempo a cada proyecto, para aprender, para hacer amigos y conocer al enemigo que se viste de seda. Para saber en quién puedes confiar y en quién no. Para ser capaz de sacar la cámara en el momento justo y no banalizar el disparo, algo que hoy se hace con mucha soltura.

Es una exposición imprescindible, insustituible y capaz de hacer que salgas dando gracias porque en el horror que nos muestra todavía queda un resquicio para confiar en el ser humano. Gervasio Sánchez deja abierta una puerta a la esperanza.

← Entrada anterior

Entrada siguiente →

1 comentario

  1. Me ha emocionado la foto que es preciosa y el texto que te ha salido del corazópn. Muchas gracias

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.