Justo cuando empieza el calor, terminaron nuestras vacaciones. EL máster de EFTI ya pasó. Se me quedó el pequeño disgusto de no haber obtenido ningún premio ni reconocimiento para poner en el currículo, pero siempre recordaré las buenas impresiones que causó mi trabajo Ojos abiertos a todo el mundo que lo vio. Desde mis profesores Jorge Salgado y Eduardo Momeñe (el que pueda ir a su curso en Paderne que no deje de hacerlo, aprenderá muchísimo), pasando por los miembros del jurado: Navia, Miguel Oriola y Luis de las Alas, siguiendo por Isabel Muñoz o Vicente López Tofiño y terminando por mis compañeros del máster, que me emocionaron con sus aplausos cuando se proyectaron mis fotografías en la fiesta final de entrega de diplomas.

He aprendido mucho y creo que lo he aprovechado. Ahora el tiempo dirá. La fotografía me guiará a cotas más altas siempre y cuando sepa seguir su rastro, que no es fácil. Por ejemplo, ayer fue mi cumpleaños, y fui al zoo con mi familia para que mi hija lo conociera. Y lo primero es la consabida foto que te hacen a la entrada. Me llamó la atención que pidieran permiso para disparar. Pero lo más llamativo fue cuando fuimos a comprarla, nos cobraron lo que nos cobraron y para colmo, la carpeta estaba patrocinada por la marca de la cámara con la que estaba hecha la imagen.

Es increíble. En primer lugar ya no se puede fotografiar a nadie sin su consentimiento en un lugar público y familiar, con lo que se pierde la espontaneidad y la sorpresa del recuerdo que todas las familias hemos tenido en un momento tan emocionante como ir al zoológico. El respeto a los derechos de imagen se ha vuelto absurdo y sumamente nocivo para las fotógrafos. Me han llegado a decir que para quedarme tranquilo nunca haga fotos a la gente. En segundo lugar, el mérito de la fotografía pertenece sólo a la máquina con la que está hecha. El fotógrafo se ha convertido en un mero accesorio. Pronto un fotomatón de la marca más prestigiosa va a hacer una exposición en el MOMA. La idea que se vende es que la foto es así de normalita (todo hay que decirlo) porque el fotógrafo utilizó una marca y no otra. Y lo triste es que la gente se lo cree.

Lo dicho, ser fotógrafo va a ser difícil, y que te valoren ya es otro cantar. Pero es tan increíble la sensación que se tiene al disparar…