David Bowie, el poder de la imagen

Hoy nos hemos despertado con la noticia de la muerte del cantante David Bowie, uno de los grandes artistas del siglo XX que representa como nadie la importancia del poder de la imagen para llegar a la gente.

Muchos recordaremos siempre a David Bowie por sus canciones. Como olvidar Space Oddity, The man who sold the world, Life of Mars, Oh you pretty Things, Fame, Heroes, Blue jean… Es imposible quedarse con una sola.

Pero algo que quedará fijado en la memoria de todos los que disfrutamos con sus trabajos es su imagen. Esa mirada de dos colores, ese aire andrógino, sus ganas de romper con todo lo establecido. Revolucionó la estética y todavía hoy somos herederos del misterioso extraterrestre que nos visitó hace 40 años e hizo volar nuestras mentes. Su alter ego, Ziggy Stardust, fue la reina del glam. Y nada volvería a ser igual.

David Bowie: el poder de la imagen

Llevaba diez años buscando un lugar en la historia. Empezó con la estética de las bandas de entonces con grupos como Davie Jones with the King-Bees. Parecía el típico novio perfecto que desean los padres para sus hijas. Con 20 años cambió su nombre artístico por David Bowie y lanzó su primer disco en solitario con traje con chorreras y el pelo más largo de lo habitual. Pero no dejaba de ser un músico marginal, que sólo conocían unos pocos.

Gracias al encuentro con Lindsay Kemp, un bailarín especialista en mimo, las cosas empezaron a cambiar en su interior. Descubrió el camino de baldosas amarillas que quería seguir. Pero no lograba triunfar, así que se metió en el mundo del cine aceptando pequeños papeles, incluso en anuncios de helados.

Y de repente dio forma a un pequeño estallido. Justo con la llegada del hombre a la luna, en 1969, presentó el single Space Oddity. Pareció un éxito efímero. Su imagen no estaba terminada todavía. Empezó a salir con una imagen más cercana al glam, vestido de mujer, rompiendo con todo, y convirtiendo la vida en una fiesta donde todo se hacía sin medida.

Pero no terminaba de triunfar. Tenía carisma, imagen, buena música y mejores letras, pero no lograba tocar el cielo. Tony De Fries fue la figura fundamental para conseguirlo. Este promotor quería su propio Elvis, y le lanzó a los Estados Unidos donde en 1971 conquistó a Andy Warhol y su Velvet Underground. Se sintió como en casa.

Fue una mezcla de todos esos encuentros, de todas las experiencias vividas cuando salió adelante Ziggy Stardust, el personaje que le haría famoso. Es un disco extraordinario que le catapultó donde quería estar, en la cresta de la ola. Y nada había cambiado. Tan sólo es la culminación del poder de la imagen.

¿Y quién era Ziggy Stardust?

Ziggy Stardust era un alienígena condenado que se transforma es una estrella del rock. Toda una revolución en el mundo de la imagen. Jamás nadie ha hecho nada como él. Todos los que han venido después sólo le han copiado descaradamente.

Es la creación de una poderosa imagen que sacudió todo lo establecido y asentó la forma de entender el mundo del espectáculo. El problema es que hoy en día muchas veces es lo único que hay, olvidándose de todo lo demás, la pura creación. Algo que Bowie jamás abandonó. Lo suyo es arte, algo que hoy está desvirtuado bajo toneladas de marketing.

Fue capaz de crear algo que hacía olvidar las penurias de la época con el juego de la fantasía extraterrestre. Rompió con los moldes y nos introdujo en el mundo de la modernidad de la que tantos bebieron (la Movida madrileña) y muchos quieren seguir (¿Lady Gaga?).

En él está toda la cultura underground de la época. Desde The Factory hasta La naranja mecánica, pero no era sólo el exterior. Dentro del grupo que formó parte de la aventura espacial había músicos de renombre que alcanzaron nuevas cotas de genialidad. Pero lo que hizo que triunfara el concepto de Bowie fue la imagen.

La fuente de inspiración ya le he comentado. Y desde aquí tengo el pretexto perfecto para hablar de él en un blog de fotografía.

Los fotógrafos de David Bowie

Era la nueva estrella. Y todos querían fotografiarle. Y él por supuesto no se negó a ser el objetivo de todos. En el fondo lo deseaba. Hay muchas historias que merecen hoy ser recordadas.

Por ejemplo Terry O´Neill le hizo la famosa fotografía de la portada de Diamonds Dogs. Parece ser que todos estaban muertos de miedo por la agresividad de los perros, pero David Bowie no movió ni un solo músculo de su cara. Quién sabe por qué…

David Bowie por Terry O´Neill

David Bowie por Terry O´Neill

Otra de las grandes historias es la de su gran amigo japonés el fotógrafo Masayoshi Sukita, que sin saber una palabra de inglés se acercó a él después de verle convertido en Ziggy Stardust para fotografiarle. Su impresionante book y la sintonía entre ambos fue tal que se convirtieron en grandes amigos y ha sido el fotógrafo que más veces le ha disparado.

David Bowie por Masayoshi Sukita

David Bowie por Masayoshi Sukita

En la primera sesión que tuvieron él estaba encargado de fotografiarle por la noche. Durante el día Bowie estuvo posando para el gran David Bailey, y el nervioso japonés no se le ocurrió otra cosa que aligerar la sesión con el vino favorito del cantante. Desde entonces fueron inseparables. Suyas son muchas imágenes icónicas, pero quizás la mejor es la de Heroes.

¿O cómo olvidar la mítica foto del Aladdin Sane? Esa foto es de Brian Duffy. Una foto clásica de un hombre convertido en extraterrestre con un rayo pintado en su cara y que muchos definen como la Mona Lisa del Pop.

David Bowie por Brian Duffy

David Bowie por Brian Duffy

Aunque hay que recordar que las primeras imágenes del real marciano son obra de Mick Rock, que formó parte de ese mundo que todavía nos fascina. Con él podemos ver entre bambalinas la transformación de la estrella en alguien del espacio exterior.

Y ahora es lo que nos queda de él. Su música y su imagen. Es su legado. Ya nada volverá a ser lo mismo. Eso sí, cuando necesitemos apoyo o una voz amiga que nos impulse al espacio, siempre podremos recordar al comandante Tom.

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3 comentarios

  1. Estupenda semblanza del gran Bowie!

  2. Buenas…
    Muchas gracias por tus amables palabras.

  3. De nada. Es y será siempre, uno de mis favoritos.
    Gracias por compartir.

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