Por motivos laborales tuve la suerte de ir a Córdoba, una de las ciudades en las que siempre te gustaría estar siempre y cuando no haga calor. Y no es sólo por el calor, es por la dura luz que todo lo llena y hace difícil la fotografía. Por eso, y por otros motivos menos terrenales, fuimos a la mezquita, invadida por las voces y la presencia de los turistas. Ahí la ausencia de luz te permite recogerte y deseas siempre encontrarla. Querían que fuera algo divino, pero a lo mejor era simplemente para escapar del calor y tener a todo el mundo reunido, no importa bajo que dios.
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