1.- Encuentra algo que no te deje pensar: un paisaje, una cara, una casa, un árbol, una idea…
2.- Lleva tu cámara siempre encima para poder fotografiar aquello que te llamó la atención en el primer punto.
3.- Conoce totalmente a tu cámara, para que se convierta en lo que realmente es, una extensión de tu ojo, nada más.
4.- Compón lo que ves a través del visor, o de la pantalla. Tienes que pasar de tres a dos dimensiones. Lo armónico de la realidad puede ser caótico en la ficción. Recuerda en ese momento todas las fotografías y cuadros que has visto en tu vida.
5.- Mide la luz y dispara sin dejar de pensar en lo que has hecho. Algo bueno, seguro.
6.- Nunca es suficiente. Siempre hay que hacer más fotos. Disfruta.
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