Apenas quedan dos clases para dar por finalizado el máster que empecé el septiembre pasado.

Ha sido el año más duro de mi vida en el plano personal. Creo que he aprendido a valorar las cosas realmente importantes de la vida, y a olvidarme de muchas otras cosas, o al menos no darlas tanta importancia. Ahora aprecio más los aspectos buenos de la vida.

Además he crecido profesionalmente. Veo más claro mi camino en la fotografía. El proyecto final que he de presentar, que no es más que el inicio de un trabajo es un homenaje a mi padre: la gente que quería y admiraba de manera recíproca, y sus espacios íntimos. El libro está ya en imprenta y me ha servido de terapia emocional. En un futuro no muy lejano lo volcaré completo en mi web.