Polaroid en el cine

Las polaroids en el cine

En muchas películas aparecen polaroids dentro de la trama de la historia. Para los nostálgicos de las instantáneas, es emocionante encontrar estas fotografías cuadradas en algunas escenas que se nos han quedado grabadas en la retina. Pasen y vean las polaroids en el cine.

La fotografía y el cine son primas hermanas y no hay fotógrafo que no encuentre inspiración en una película. Como fotógrafo estoy siempre pendiente de cualquier guiño que se haga a mi profesión. En esta ocasión voy a centrarme en las polaroids, las fotografías instántaneas que se resisten a morir ante el acecho del mundo digital, con la ayuda del proyecto imposible de Lady Gaga.

Polaroid siempre ha sido y será uno de los conceptos fotográficos más interesantes de todos los tiempos. Sacar una foto con sus extrañas y refinadas cámaras era toda una experiencia.

Todavía recuerdo cuando mi maestro Vicente López Tofiño me dejaba su SX70, la película que pagábamos entre todos y con un secador hacíamos extrañas fotografías que afortunadamente todavía no se pueden hacer con un filtro, aunque todo llegará, por supuesto.

Muchas de las fotografías de mi infancia y juventud están en dicho soporte, por lo que me entra la nostalgia cada vez que las veo en las películas. Aquí un pequeño repaso a las películas en las que las polaroids hacen aparición.

Memento

Es la primera película que  a muchos nos viene a la cabeza cuando se plantea este tema. Leonard, el inolvidable personaje de Christopher Nolan, sufre amnesia y la única forma de recordar a las personas y no olvidar lo que le pasó es gracias a los tatuajes que inundan su cuerpo y a su inseparable cámara Polaroid, en la que escribe todas aquellas cosas que le pueden servir para encontrar al asesino de su mujer.

Pocas veces podemos ver una película en la que la fotografía polaroid tenga tanto protagonismo. De ella depende la vida del protagonista, y es culpable de sus errores y sus pocos aciertos en su atormentada vida. El uso de la cámara es vital. Es su almacén de recuerdos y lo más cercano que tiene a la memoria. No tiene otra intención que recordar a través de ella, que al fin y al cabo es lo que hacemos todos cuando disparamos nuestras cámaras.

Lucia y el sexo

Tengo una cámara. Es lo que le dice él a ella cuando están haciendo el amor. Y todos los fotógrafos solteros de aquella época deseábamos automáticamente tener una novia como Paz Vega.

Nunca en el cine hubo tanto erotismo fotográfico como en ese instante en el que los dos amantes se dejan llevar por la polaroid que lanza una y otra vez el reflejo de sus eróticas posturas. Y con la seguridad que había entonces de no verte, pasado el tiempo, en la red.

De nuevo no se busca el arte, se busca la sensación del momento, el recuerdo de un instante más o menos fugaz, según la pareja, eso sí.

Amelie

Una de las películas que o se odian o se aman sin reservas es, desde el punto de vista fotográfico, perfecta. No hay plano que no sea una fotografía inolvidable. Audrey Tautou nuca se podrá separar de este personaje, por mucho que se canse o le duela.

En una de las oníricas historias que se cuentan, la protagonista encarga a una amiga azafata que se lleve el gnomo que puso su padre en la tumba de su madre para que recorra mundo y que le mande polaroids con los principales monumentos a sus espaldas. El padre, al recibir las misteriosas fotografías, decide marcharse en busca de los mismos escenarios.

De nuevo la inmediatez es importante, y la característica calidad de imagen, que hace buenas todas las fotografías, aunque me imagino la de tiempo que llevó conseguir semejantes fotos. Aunque lo más probable es que el ajuste se hiciera con el abuelo del Da Vinci Resolve o con un sencillo cartel a espaldas del gnomo.

Thelma & Louise

Dos amigas deciden pasar un fin de semana. Una no sabe de la vida y otra sabe demasiado. Y el final es leyenda cinematográfica.

En la época que se hizo la película no existían lo móviles ni nada parecido. Estamos hablando de 1991. Las dos amigas que van a pasar un fin de semana en una casa de montaña a la que nunca llegan se sacan fotos con su Polaroid. De hecho, la primera foto que se hacen es lo último que se ve de su coche cuando buscan el camino que nadie se esperaba.

Porque las polaroids siempre han estado asociadas a momentos festivos y alegres, y esto es lo que hacen las amigas cuando deciden iniciar el viaje que les cambiará la vida. Retratarse felices y contentas sin pensar en lo que les deparará el futuro.

Hay muchas películas en las que sale las polaroids, como la mortífera que crea Q para James Bond en Licencia para matar; o las tristes fotografías egocéntricas del novio de Scarlett Johansson en Lost in translation; o la foto que hace Marty a la tumba de Doc en Regreso al futuro… ¿Se os ocurre alguna más?… Por cierto, agitarlas no sirve para nada.

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