¿Qué hacer con las fotos de las vacaciones?

Muchos hemos vuelto ya de las vacaciones, y hemos llenado nuestras tarjetas de cientos de fotografías; y en algunos casos, bajo la excusa de haber ido muy lejos, tenemos miles de imágenes almacenadas. ¿Que podemos hacer con ellas? En este artículo intentaré dar algunas ideas para que esto no se convierta en una pesadilla que olvidemos en el fondo del disco duro.

Y es que lo de dejar las fotos en el disco duro olvidadas, y presumir luego en una tertulia de fotógrafos cuántos tenemos llenos, es uno de los estigmas y defectos de los fotógrafos digitales. Si la gente no puede ver el trabajo que hemos hecho, no tiene sentido hacer fotos. Para estos casos siempre recomiendo fotografiar sin tarjeta, pues al final se consigue lo mismo, que la gente no pueda disfrutarlas, aunque tú has practicado y por lo menos te lo has pasado bien. Si nos ponemos extremos poder hacer air photography, una derivación de la exitosa tendencia air guitar. El resultado es el mismo, y siempre puedes imaginar que vas con una Leica y que eres mejor que Robert Frank.

De vuelta a la seriedad, un fotógrafo que quiera mejorar tiene que volver de un viaje con las fotos que había imaginado previamente, después de haber estudiado el terreno desde el ordenador de su casa o de sus trabajo en los tiempos muertos y sin que el jefe se entere.

Ir a la aventura para ver que sale es un deporte de riesgo, divertido e impredecible, pero poco productivo para un fotógrafo que quiere mejorar.

Ir a la aventura para ver que sale es un deporte de riesgo, divertido e impredecible, pero poco productivo para un fotógrafo que quiere mejorar. Esto se lo dejamos a los turistas aficionados. Hay que planificar la salida, conocer de antemano los sitios que vamos a visitar, etc…:

  1. Cuando llegamos a nuestra casa, tenemos que volcar toda la información en nuestro disco duro principal. Si hemos sido previsores, habremos hecho ya una copia de seguridad en un pequeño ordenador portátil, en nuestra tableta o incluso en la nube (esto último lo podremos hacer si contamos con una buena conexión y no tenemos archivos muy grandes).
  2. En un mundo ideal, que por lo tanto es ficticio, tendríamos la posibilidad de dejar pasar el tiempo para volver a ver las fotografías sin la contaminación de los recuerdos inmediatos, y poder ser más precisos a la hora de seleccionar las mejores fotografías. Esto es imposible, y los acompañantes suelen tacharte de mala persona por no enseñarlas al día siguiente y tenerlas colgadas en todas y cada una de las redes sociales.
  3. Por eso, no queda más remedio que empezar en caliente a mirar las fotografías para encontrar las mejores. Para este menester, es ideal Adobe Lightroom y su módulo Biblioteca, o cualquier otro programa parecido. No tiene sentido tener miles de fotografías si no las podemos encontrar en 10 segundos. Por eso es muy importante crear un buen catálogo con palabras claves. Es fundamental conseguir la foto donde sale la suegra con la nieta en Benidorm enseguida si quieres que te sigan invitando a los cumpleaños de la familia política. Si no fuera así, aquí tienes un buen truco.
  4. Una vez clasificadas, podemos empezar a buscar nuestros tesoros, nuestras experiencias, nuestra forma de ver la vida vacacional, marcando con estrellas las mejores visiones. Como ya he comentado en otras ocasiones, si hemos estado un mes de vacaciones, es un delito enseñar más de 50 fotografías, además de mostrar que no necesitas tener abuela. Es muy difícil llegar a este número, pero si somos sinceros con nosotros mismos lo conseguiremos. Podemos empezar a marcar con una estrella, luego dos… así hasta que sólo las mejores tengan 5 estrellas. Hay que evitar las imágenes redundantes, las técnicamente malas, aquellas en las que la gente que te acompañó sale poco favorecida… El trabajo de edición es el más complejo para un fotógrafo.
  5. Ahora llega el momento de revelar todas las fotografías seleccionadas, con tranquilidad, sin prisas, sin automatismos y a ser posible sin filtros estándar. A todos nos interesa cómo ves tú las cosas, no queremos ver tu trabajo bajo el punto de vista de una moda.
  6. Y llega el momento de decidir la presentación de tus fotos. No hace falta un orden cronológico, el más socorrido. Es mejor un orden estético, donde una fotografía tenga que ver con la siguiente por una cuestión de líneas o de mensaje. Pero es difícil, y requiere tiempo, precisamente el que no nos dan los más interesados en ver las fotografías. Podemos hacer luego una proyección, o una revista, o dejar las fotos sueltas, o todas las cosas a la vez… Lo único importante es que estemos orgullosos de lo que hemos hecho y que la gente disfrute y rememoré el tiempo que compartieron contigo.

Hasta aquí los consejos que puedo dar sobre las fotos de las vacaciones. Creo que así evitaremos repetir esas jornadas eternas en las que tenemos que ver todo el cd con las fotos de nuestro cuñado, mientras nos van relatando con todo lujo de detalles lo que se ve en ellas. Una de las torturas más inaguantables que existen en este mundo digital, sólo comparable a aquellos cursos en los que el ponente se limita a leer las diapositivas del Power Point que ha creado durante cinco largas horas.

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