Cómo perfilar la cámara con la tarjeta ColorChecker Passport

Hace tiempo que tengo una tarjeta ColorChecker Passport entre mis más preciadas posesiones. Hago poca fotografía de estudio, pero es uno de los accesorios más importantes para acertar con un tema tan delicado como la gestión del color, uno de los grandes quebraderos de la fotografía digital. Hoy vamos a ver cómo funciona y descubriremos lo útil que es.

Siempre he dicho, y me mantengo, que no tiene sentido perfilar la cámara si vamos a hacer fotografía de reportaje. Desde luego que sería lo ideal, como hacer siempre un equilibrio de blancos manual, llevar el trípode, utilizar objetivos de la más alta calidad y dejar hecha la cama todas las mañanas después de levantarse para irse a fotografiar.

En exteriores la luz cambia cada momento. Nos metemos en zonas de sombras y las nubes modifican los colores cada vez que tapan el sol. Pero en un estudio la luz la controlamos nosotros. Y siempre es la misma, salvo que encendamos más focos o pongamos un paraguas o una ventana de luz. Y además los clientes siempre piden que los colores en la fotografía sean clavados a los reales.

Pero la gestión de color no sirve para clavar los colores. No consigue los colores exactos de la realidad, pero permite crear y mantener una lógica de color a lo largo de todo el proceso. La cámara no ve igual que un monitor o que una impresora. Cada uno entiende el universo del color de una manera distinta.

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Primer disparo de la sesión

Lo que hace la gestión del color es que se entiendan entre sí, que los resultados sean predecibles. Es un traductor de alto nivel. No suena igual Cervantes en español que en inglés, pero una buena labor de traducción permite acercarse a la musicalidad original.

Cuando hacemos fotografía de producto, queremos que el rojo que estamos viendo, por ejemplo, quede igual en la copia final. Pero si no le decimos a la cámara cómo es ese rojo, ella registrará su rojo. La ColorChecker Passport es la encargada de explicárselo. Tiene 24 parches de color, precisos y definidos, que una vez fotografiados, y a través del software que le acompaña,

acelerará la corrección cromática y le permitirá asignarla a una gran cantidad de imágenes para lograr una mayor productividad. Antes de que usted se haya dado cuenta, estará procesando imágenes con gestión del color.

Lo primero es comprar la ColorChecker Passport que cuesta unos 100€. No es la única que hay en el mercado, pero es la que más éxito tiene entre los profesionales. Es una cartera de plástico duro que tiene en su interior cuatro caras:

  1. Un certificado que garantiza la fiabilidad de la tarjeta durante dos años. Sí, tiene fecha de caducidad. Hay que contar con ello. Nunca compréis una que esté sin precintar.
  2. La tarjeta ColorChecker Classic, con los 24 parches de color (tonos piel, colores de la naturaleza, RGB, CMYK…) para el ajuste del perfil de cámara.
  3. La tarjeta gris de Equilibrio de blancos, para eliminar de manera precisa todas las dominantes de color.
  4. La tarjeta de mejora creativa, que ayuda a dar dominantes más frías o cálidas según las necesidades de cada uno.

Junto con la cartera de plástico duro que hay que cuidar con sumo cariño y que jamás, jamás, hay que manosear por dentro, viene el programa para la creación de perfiles de la empresa X-Rite, que deberemos instalar en nuestro ordenador. Sirve para todos los programas que sean compatibles con el formato DNG, es decir, los de Adobe.

Lo he probado en varias ocasiones ya y los resultados son espectaculares. Me ha gustado tanto el resultado que me estoy planteando llevármela al campo para ver qué pasa, pero sería de locos y la luz cambia constantemente…

Pasos a seguir con la ColorChecker Passport

    1. Fotografiamos la tarjeta, que gracias a su construcción podemos sujetarla como si tuviéramos una atril. Es importante que todas las luces estén ya colocadas y que no caigan sombras sobre la ColorChecker Passport. Hay que lograr la exposición perfecta. No deberíamos hacer fotos sub o sobreexpuestas de la tarjeta.
    2. No hace falta que la tarjeta ocupe todo el encuadre (recomiendan un 10% en una imagen de 10Mp), pero es recomendable que ocupe un buen tamaño en la fotografía final. La toma tiene que ser frontal, desde luego.
    3. Una vez hecha esta fotografía, podemos empezar a trabajar como si nada hubiéramos hecho. Lo único que tendríamos que hacer con la ColorChecker Passport es volver a fotografiarla si cambiamos la iluminación.
    4. Cuando lleguemos a casa, sólo tenemos que descargar la tarjeta e importar todas las fotos a Adobe Lightroom. También se puede trabajar con Photoshop, pero con el hermano pequeño todo es más sencillo y fluido.
    5. Marcamos la fotografía de la tarjeta y con el botón derecho vamos a Exportar>ColorChecker Passport. Automáticamente el programa transformará el archivo RAW en DNG y generará el perfil de la cámara con esa iluminación. Cuando termine, pondremos un nombre descriptivo y el propio plugin nos pedirá que reiniciemos Lightroom. También nos recomendará que calibremos la pantalla, pero esto es otra historia.
    6. Ahora abriremos cualquier foto de la sesión y en el módulo Calibración de cámara, en Perfil, encontraremos la solución a nuestros problemas. Luego sincronizaremos como es habitual, para evitar tener que hacerlo foto por foto.
    7. Y por último, con la herramienta Selector de equilibrio de blancos, pincharemos en el primer parche gris neutro que hay en la primera fila de la tarjeta de mejora creativa. Y de nuevo sincronizaremos el equilibrio de blancos de toda la sesión.

El resultado es muy bueno, sobre todo cuando contemplamos las fotografías en un monitor calibrado. Esto no tiene sentido hacerlo en un portátil, pero la verdad es que los colores también mejorarían bastante. No dudéis en consultar cualquier problema.