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El buen profesor de fotografía

Dentro de nada empieza 2016 y puede que muchos estéis pensando en empezar clases de fotografía porque os van a regalar una cámara, o porque tenéis en mente aquello de año nuevo vida nueva, así que  es un buen momento para imaginar o soñar con el profesor de fotografía ideal.

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La supervivencia en la fotografía

Con este titulo tan original, Fotografía de supervivencia, se ha presentado uno de los talleres que esta mañana han impartido en Casanova, la tienda de fotografía que celebra los diez años que lleva en Madrid y que lo está celebrando con numerosos cursos y ofertas especiales.

Había otros talleres organizados por la tienda dentro de su décimo aniversario en Madrid, pero este era uno de los más interesantes, por el original título y el ponente, que era Jorge Salgado, coordinador general de la escuela de fotografía Efti.

En un tono distendido y relajado, Jorge Salgado nos demostró que, con ingenio, siempre podemos salir adelante, aún en tiempos de crisis, en lo que respecta a los accesorios fotográficos. Pocas veces estos inventos (comprados en las económicas tiendas de todo a cien, como se las conocía antes) serán mejores que sus homólogos profesionales (no me queda más remedio que reconocerlo), pero nos pueden ayudar a salir de más de una situación complicada cuando no tenemos dinero en la cartera.

Enseguida empezó a sacar de la chistera, digo de debajo de la mesa, toda clase de artilugios que nos pueden ayudar a resolver la papeleta en muchas y variadas ocasiones, aunque debería ser nuestro último recurso. Un buen fotógrafo es aquel que se sirve del ingenio y la imaginación para conseguir la foto. Unos tienen dinero e ingenio, y muchos se tienen que servir sólo del último.

Accesorios fotográficos nacidos de la supervivencia

No voy a contar todas las cosas que nos enseñó, pues sería una lista interminable, pero sí me gustaría destacar algunos de ellos que verdaderamente pueden salvarnos la vida en más de una ocasión:

Saco de arroz de tela

Lo podemos utilizar para muchas cosas, como contrapeso para evitar que se caigan los trípodes cuando los colocamos en posiciones imposibles. Pero lo que no se puede negar es que es uno de los mejores estabilizadores que podemos encontrar en el mercado. Con un saco de arroz, que sea de tela, podemos colocar la cámara en cualquier sitio sin miedo a que se caiga, desde una rama a un banco o el cuadro de una bicicleta. El resultado es óptimo.

Cuerda de tender

Otro clásico para conseguir estabilidad es una cuerda que mida cuatro veces la distancia del suelo a nuestros ojos. Sólo tenemos que formar un triángulo con ella. La sujetamos con ambos pies separados y el tercer vértice será el objetivo donde engancharemos la cuerda tensándola. No os podéis imaginar las bajas velocidades de obturación que podemos utilizar con algo tan económico.

Barra de ducha extensible

Este artilugio es increíble. Las barras de ducha puede que cuesten 4€ como mucho en estas tiendas. Son extensibles, tienen un muelle en su interior y se pueden fijar en cualquier largo gracias a un tope.

Si las cambiamos de sentido, de horizontal a vertical, con ayuda de un pequeño tornillo que podemos comprar en cualquier ferretería especializada, tenemos un monopie totalmente efectivo para utilizar con nuestras pequeñas cámaras. Desde luego no es una opción para llevar una máquina de 3000€, pero nos puede ayudar en numerosas ocasiones.

Tablas de madera

Si buscamos en un contenedor, o hemos calculado mal las tablas para un mueble que nunca haremos, o nos han dado el sobrante en el centro maderero, tenemos pequeñas tabla de madera o similar que podemos utilizar para crear una pequeña mesa para fotografiar objetos pequeños.

Si le calculamos el centro, y le pegamos ahí otro tornillo que podamos acoplar al cabezal de nuestro flash, prácticamente podremos situarlo en cualquier posición para conseguir la iluminación que necesitemos.

Tapa de cámara

Con la tapa de la cámara, esa que ya no usamos pues siempre tiene puesto un objetivo, podemos volver a los tiempos de las cámaras oscuras que hacíamos con cajas de zapatos o con el bote amarillo del Cola Cao.

Sólo hay que hacer un agujero muy fino en el centro exacto y tendremos la posibilidad de rememorar esos tiempos pasados donde nos creíamos los amos del mundo al sacar una imagen con una vulgar caja.

Si a esta tapa le quitamos el frontal y le pegamos la rosca de un filtro roto conseguiremos un inversor de objetivo para conseguir que cualquiera sea macro. Parece mentira pero funciona a las mil maravillas.

Un folio

Como último complemento de supervivencia, un buen fotógrafo, o fotógrafo pobre, tiene entre sus aliados un sencillo folio blanco.

Si somos de los que todavía colocamos el flash encima de la cámara (qué antiguo) este sencillo objeto nos irá de maravilla. Si lo ponemos delante de él, actuará como un difusor que suavizará las sombras y conseguiremos una luz mucho más agradable, menos dura.

También lo podemos utilizar como reflector si no tenemos una pared blanca cerca. Con sólo girar el flash podemos rebotar la luz dura del flash y simular una ventana.

Y no digamos si empezamos a jugar con papeles de colores, o la goma EVA, o el celofán de los caramelos, etc…

Sólo hace falta ingenio para conseguir sacar funciones fotográficas a cualquier objeto que encontremos en cualquier lugar. Si a nuestro ingenio le unimos nuestra forma de mirar, algún día haremos fotografías fantásticas.