¿Es necesario revelar las fotografías?

Recuerdo como una pesadilla insana a unos alumnos que durante tres meses interminables se negaban a seguir mis explicaciones sobre las técnicas de revelado digital que suelo explicar. Su argumento era que todo eso querían hacerlo en el momento del disparo. Y aunque les dije que es imposible, que jamás una fotografía sale terminada de la cámara, terminaron yéndose, para descanso de todos.

Ellos, en principio, no son culpables del engaño al que nos someten los fabricantes, desde luego. Me refiero a esa antigua historia de usted dispare que nosotros hacemos el resto. O eso de que con esta cámara las fotos quedaran mejor por no sé qué zarandajas de un sensor revolucionario…

Sin-revelar
Sin-revelar

Toda mejora técnica será bien recibida, pero nunca podrá dar por terminada una fotografía. Existe una opción, que consiste en configurar el software interno de la cámara para que el jpeg luzca perfecto. Pero sólo es eso, un archivo comprimido, revelado por la cámara… Siempre habrá cosas que ajustar, como la saturación, el contraste y el color. Y no es la mejor opción si buscamos el mejor resultado.

Una buena fotografía estará terminada cuando pase por un revelado que saque a relucir todos sus encantos, sin engañar y sin artificios varios.

¿Para qué revelamos?

Cuando pasamos nuestros archivos de la cámara al ordenador para guardarlos y clasificarlos (qué maravilla Adobe Lightroom para estos menesteres) vemos los aciertos y fallos de la jornada.

Revelada
Revelada

 

Después de clasificar y decidir cuál es el mejor disparo nos podemos enfrentar a solas, sin distracciones, con la fotografía. Si estamos ante un jpeg, podremos hacer cosas, pero con pocas garantías de calidad (ya veremos sus límites en otro artículo). Sin embargo, si tenemos entre manos un RAW, se abre un universo de posibilidades que sólo nuestra imaginación y saber hacer puede limitar.

Un archivo recién salido de la cámara es un punto de partida. Jamás punto final.

Como bien decía Ansel Adams, un negativo es como una partitura que cada puede interpretar a su manera. Por supuesto, dicha frase se puede extrapolar perfectamente al mundo actual. Un archivo recién salido de la cámara es un punto de partida. Jamás punto final.

Revelamos para acercarnos a lo que vimos, a lo que nos llevó a disparar en ese instante justo. Pocas veces lo que sale de la tarjeta es fiel a nuestro estilo. Y sabemos que si recortamos ( si no somos puristas) ajustamos niveles, o el contraste, o la pasamos a blanco y negro, nuestra fotografía será mejor. No podemos olvidar que la cámara no ve igual que nosotros.

El límite del revelado

No me gusta poner límites al revelado. Cada uno puede hacer lo que quiera. Por supuesto, pero yo tengo mis convicciones, aunque si no os gustan tengo otras (homenaje a Groucho Marx).

Yo utilizo Photoshop como si fuera una ampliadora (expresión de Isabel Muñoz que me parece tremendamente acertada). Ese es el punto de mi trabajo personal en la era digital: no hacer nada que no se pudiera hacer con una ampliadora. Oscurecer, aclarar zonas, recortar…

Parto de la base de que el disparo original es bueno. Que lo hemos elegido porque tiene todo lo que buscamos. Que no sobra ni falta nada, y que no vamos a perder el tiempo quitando o inventándonos algo. Si fuera así, el disparo no sería bueno y tendríamos que volver a hacerlo o asumir que no hemos acertado.

Y empezaríamos a revelar en ACR, en Capture One, en el programa que tengamos. Pero, ¿cuál es mi límite y el de muchos compañeros? ¿Hasta dónde podemos llegar sin estar limitados por conocimientos técnicos?

Siempre digo que el buen revelado es como el mejor maquillaje. Es aquel que no se nota. Aquel que logra un resultado natural, creíble (si es que una fotografía puede serlo, pero esto es otro tema).

Cuando digo que no toco nada es que no altero de ninguna manera los elementos que forman la fotografía, tan sólo modifico su luminosidad, es decir, lo hago más claro o más oscuro y siempre en relación con los demás elementos y teniendo muy en cuenta la luz presente. No quiero iluminar una zona que no recibe la luz del sol, por ejemplo.

Al seguir este planteamiento, el mundo del revelado se simplifica mucho, y se da prioridad al disparo, al momento en el que se hace la fotografía. El revelado sólo debe potenciar lo que se ha hecho. Así nuestras imágenes serán mejores. Es así de sencillo.

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