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Fotógrafo vs cámara digital

¿Es más fácil ser fotógrafo con una cámara digital? Es una pregunta que me hizo el otro día en clase uno de mis alumnos del curso de iniciación. Muchos seguro que sabéis la respuesta, pero creo que es algo que se debe aclarar, porque muchos tienen una idea que se aleja bastante de la realidad.

Una fotografía puede ser dos cosas: buena o mala, y es indiferente la cámara empleada para conseguirla. La máquina es algo accesorio, igual que el editor de textos que utiliza un escritor para hacer su novela o el pincel de pelos de marta que un pintor usa para dar sus brochazos. Sin embargo, circula con demasiada frecuencia la idea de que el mérito de una buena fotografía se debe a la cámara de su autor.

Es una opinión muy extendida en el mundo de los que no hacen fotos, cuñados y alrededores. Cuántas veces habéis oído la siguiente frase cuando enseñáis una buena fotografía:

Claro, como tienes una ______ (Nikon, Canon, Olympus, réflex, compacta avanzada, cuenta corriente…), así cualquiera.

Para mucha gente, el trabajo de fotógrafo es una de las cosas más sencillas del mundo. Un buen amigo, en broma -espero- siempre me pregunta por mi dedo índice de la mano derecha, no vaya a ser que sufra un esguince por disparar.

Una fotografía puede ser dos cosas: buena o mala, y es indiferente la cámara empleada para conseguirla

Ahora con toda la parafernalia digital, demasiada gente piensa que el trabajo de los fotógrafos lo hace Photoshop, y como comentó el alumno que me dio la idea para este artículo, ya no tiene ningún mérito ser fotógrafo, pues todo lo hace un programa. Creo que al final, después de las razones que voy a poner ahora, le convencí de que las cosas no eran así:

La única gran ventaja de la fotografía digital es que el revelado de las imágenes es accesible para cualquiera que tenga un ordenador.

Puede utilizar programas libres, como Gimp o Picasa; o de pago, como Photoshop y Lightroom, o Capture One… Antes era más difícil que alguien tuviera espacio en su casa para montar un laboratorio estanco a la luz.

Esta es realmente la única diferencia importante entre el antes y el después de la era digital. Se puede revelar una fotografía en cualquier lado, incluso en el campamento base del Everest, por poner un ejemplo extremo.

Para conseguir una buena fotografía no es necesario una buena cámara.

Sin embargo, sí tenemos más posibilidades de hacer una mala foto con la mejor cámara del mundo. Los museos están llenos de fotografías de mediados del siglo XIX hechas con cámaras de madera.

Las cámaras, y siento ser tan duro, son máquinas tontas con engranajes y últimamente llenas de circuitos, y son incapaces de funcionar solas. Siempre necesitan a un humano que las accione, incluso para algo tan popular como el selfie. Todavía no se ha inventado la cámara que sienta emoción por algo, lo encuadre y dispare por decisión propia.

Es el fotógrafo el que tiene que elegir la composición, la exposición (allá él si deja a una cámara hacerlo) y el momento clave del disparo.

Da igual que la cámara sea antigua o moderna, de carrete o con la última tecnología. Al fotógrafo no tendría por qué importarle. Lo único que se le pide es que conozca tan bien su cámara que su uso no le suponga un quebradero de cabeza. La fotografía sigue siendo difícil.

Es el fotógrafo el que decide cuándo disparar, cómo y por qué. Y todas estas cosas jamás las podrá decir una máquina de ciento de miles de euros.

El fotógrafo medio tiene más posibilidades de crear un trabajo acorde con sus expectativas, y el profesional simplemente tiene más trabajo, pues ahora hace todo.

Con la tecnología digital, la preparación, el disparo y el revelado completo, tenemos más posibilidades y menos costes, aunque la inversión inicial es fuerte (cámara, ordenador, monitor, objetivos,…).

La conclusión es que el fotógrafo no ha cambiado en esta nueva época, sigues siendo tú, con tus problemas y tus taras. Ser fotógrafo no depende de si llevas Canon, Nikon o la marca de moda. No tiene nada que ver con el tipo de sensor o si la película es más o menos contrastada. Está muy lejos del programa que se utilice o la marca de revelador que se compre.

Ser fotógrafo simplemente es hacer fotos. Y en la mayoría de los casos, supone disfrutar con un trabajo tan duro como los demás.

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