Juan Manuel Castro Prieto

La exposición Viaje al sol de Juan Manuel Castro Prieto supuso para la mayoría de la gente el descubrimiento de uno de los mejores fotógrafos del último siglo en España. Desde entonces, su ascensión ha sido meteórica y es uno de los artistas más reconocidos. Os dejo con la reseña que hice de esa gran exposición en 2001 para la revista También Contamos, cuando la pudimos disfrutar en el antiguo Centro Cultural Colón:

«Juan Manuel Castro Prieto es uno de los mejores copiadores del panorama español. Por sus ojos y sus ampliadoras han pasado las mejores imágenes de algunos de los más grandes fotógrafos españoles. Es capaz de sacar la magia que sus amigos quisieron plasmar. Pero ahora podemos ver su propia luz. Perú, desde luego, le ha marcado.

Hace casi diez años Castro Prieto embaló todo su laboratorio para llevárselo a Perú para positivar las copias más sinceras del maestro peruano Martín Chambi. Cuando terminó, decidió realizar un viaje por las tierras con las que soñaba desde su infancia en su pueblo salmantino, donde leía novelas de aventuras, historias que le hicieron caer en el mundo de los sueños, de donde aún no ha salido.

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Viaje al sol

Se encontró con la tierra mítica de los incas, con el santuario de Machu-Pichu envuelto por la niebla. Y con la gente. Y como en unos días no puedes descubrir un país, decidió hacerle su destino durante los últimos diez años, tiempo en el que nos ha descubierto la inmensa melancolía que azota a estas tierras del sol y que hunde en la tristeza a todos sus personajes. Estos destacan precisamente por tener una gran personalidad integrada y absorbida del suelo. Una de las fotos más impresionantes es quizás la de un arpista ciego en medio de la nada. Parece que está solo, pero la naturaleza le acompaña. Parece que no puede haber una simbiosis mayor entre el hombre y la naturaleza. No sé si lo considerará un insulto, pero parecen imágenes de otra época, o mejor aún, demuestra que el tiempo no pasa por estas tierras, y que Castro Prieto ha ido para demostrarlo.

Grandes copias que inundan la mirada de sentimiento, de sueños, de ganas de viajar

Al principio he señalado que este fotógrafo es uno de los mejores positivadores de blanco y negro. Esta particularidad hace que la exposición se convierta en un auténtico festín de blancos, negros y grises. Las copias, en diversos tamaños, son una enciclopedia de técnicas de laboratorio, afortunadamente solapadas por la fuerza del instante. Grandes copias que inundan la mirada de sentimiento, de sueños, de ganas de viajar. Porque esta muestra es un viaje, un viaje onírico habitado por hombres y mujeres reales que no pueden soñar porque la vida les domina. Es una perfecta comunión entre la fantasía y la realidad.

Estamos ante un exhaustivo retrato del país andino, de la selva al altiplano, de la Amazonia a la costa. Un perfecto mapa autobiográfico, una radiografía de una sociedad indígena que nunca ha desaparecido.

Hace tiempo que no había visto una exposición que me haya gustado tanto, a excepción de la de García Rodero; son fotos que te hacen pensar, en las que te puedes detener observando cada rasgo, cada sentimiento, cada matiz de blanco, la luz de la sombra. Son fotos pausadas que con el paso del tiempo mejorarán, como los buenos vinos.»


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