Pictorialismo

Corrientes fotográficas: el Pictorialismo

Inicio una serie de artículos dedicados a las corrientes que han marcado la historia de la fotografía. Es una forma de descubrir a los creadores más importantes y que han influenciado a todos los que han venido después. Este primer capítulo está centrado en el Pictorialismo.

Como sabéis, este año soy profesor en El club de fotografía de Alcalá de Henares, y uno de los temas que me han tocado impartir es la historia. Hay muchas formas de darla, pero me he inclinado por ir destacando las distintas corrientes que se han ido dando a lo largo del tiempo. La primera de todas es el Pictorialismo.

Qué es el Pictorialismo

La fotografía se presentó al mundo en 1839. Y no sabían qué hacer con ella. Que si reproducir los jeroglíficos, que si ser una sirvienta de las artes. Nadie fue capaz de prever en lo que se ha convertido el hecho de disparar una cámara.

En aquellos tiempos, finales del siglo XIX, una serie de fotógrafos decidieron respaldar el acto fotográfico bajo el espejo de la pintura. Para darle un aura de las bellas artes, tendría que adscribirse bajo los postulados de técnicas que nada tienen que ver con ella.

La práctica de la fotografía cada vez era más sencilla (si se puede decir eso de las complejas y caras técnicas de entonces). El miedo de muchos era que se terminará por banalizar el disparo fotográfico.

Por eso empezaron a reunirse en salones y bajo el yugo del arte antiguo, empezaron a crear fotografías que parecían dibujos, como muy bien explicó Charles Baudelaire a su madre:

Me gustaría tener tu retrato. Es una idea que se ha apoderado de mí. Hay un excelente fotógrafo en el Havre. Pero temo que ahora no sería posible, pues es necesario que yo esté presente. Tú no lo entenderías, pero la mayor parte de los fotógrafos tienen manías ridículas: consideran una buena fotografía aquella en la que todas las verrugas, arrugas, defectos y las trivialidades del rostro se hacen visibles: cuanto más dura es la imagen, más contentos quedan ellos. En París no hay nadie que sepa hacer lo que yo deseo; es decir, un retrato exacto, pero con la indefinición de un dibujo».

Las fotografías pictorialistas

La idea es intervenir antes, durante y después de la toma fotográfica. Ya sea bajo los preceptos de los prerrafaelistas que solo creían en el arte anterior a Rafael de Urbino, o con los estigmas de la pintura más academicista.
Pictorialismo
Para conseguir esa toma exacta con el aire del dibujo seguían tres pasos fundamentales que correctamente aplicados, uno detrás de otro, rompían con la filosofía de la fotografía:
  1. La escenificación de la situación. Nada de lo que sucedía en la realidad les llamaba la atención. Siempre hacían referencia a historias mitológicas o religiosas.
  2. Las fotografías se hacían con cámaras imperfectas, con objetivos que permitieran desenfoques aleatorios; largos tiempos de exposición que facilitaran la trepidación para evitar la perfección natural del medio.
  3. Y en tercer lugar, y no por ello menos importante, el revelado se haría bajo las dificultades de los conocidos como procesos nobles (gomas bicromatadas, bromoleos, carbones…), para conseguir el estigma de la copia única, tan ajeno a la naturaleza reproductiva de la fotografía.

Los principales autores del Pictorialismo

Toda esta manifestación, jaleada por los salones fotográficos de entonces, ansiosos de ser reconocidos por los pintores, o al menos equiparados con ellos, surgió de la mano de dos personajes elevados: el sueco Óscar Gustave Rejlander y el inglés Henry Peach Robinson.

Henry Peach Robinson puede considerarse como el padre del Pictorialismo, pues escribió el manual Pictorial Effect in Photography, donde decía cosas tan fotográficas como:
Pictorialismo
Cualquier artimaña, truco y conjura, de la clase que sea, está permitida al fotógrafo, para que pertenezca a su arte (…). Es deber imperativo evitar lo malo, lo pobre y lo feo, y el objetivo será elevar su tema, evitar formas extravagantes, corregir lo que no sea pictórico

Oscar Gustave Rejlander hizo El doble sentido de la vida (1857) con un montaje de más de treinta negativos con la clara inspiración de La escuela de Atenas que hizo Rafael de Urbino para el Vaticano. Es el mayor ejemplo de una fotografía con el aire de la tradición académica.

Pictorialismo

Él fue el que decidió que la única forma de legitimar la fotografía era otorgarle los cánones y valores de la pintura academicista en busca de su confirmación como manifestación artística. Algo que realmente no necesita.

Después de hacer cada fotografía, fue dando forma a su locura retocando a mano todo aquello que la cámara había sacado con demasiado detalle. Su objetivo de conseguir una obra única fue recompensada con la compra de la obra por parte de la Reina Victoria de Inglaterra.

Muchos siguieron esta corriente, pero tan pronto como apareció fue abandonada. El único lugar donde se manutvo hasta bien entrado el siglo XX fue en España, bajo la figura de Ortiz Echagüe.

Lo más increíble de todo es que con el paso del tiempo, esta corriente fotográfica fue olvidada, pero que con la llegada del mundo digital, parece que muchos quieren volver a los orígenes y confundir al espectador con lo que está viendo gracias a las argucias informáticas.

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