Carta a Isabel Muñoz

Querida Isabel: hoy he visto de nuevo tu nombre en los periódicos. Resulta que te han dado un premio que creía que ya tenías, pero los titulares son claros: Isabel Muñoz ha sido galardonada con el Premio Nacional de Fotografía 2016.

Me imagino que la noticia te habrá pillado trabajando, como tiene que ser. En algún lugar que te haya embrujado para sacar la cámara. Ya sea en el aire, en la tierra o en el fondo de una piscina.

Como ha dicho el jurado:

Con la singularidad de su utilización de una técnica tradicional aplicada a un lenguaje contemporáneo, conocedora de su oficio, sus obras son reflejo de una mirada en permanente búsqueda.

Recuerdo mucho el día que te conocí. Estaba haciendo un máster de fotografía y una de las clases era visitar tu estudio para conocer cómo trabajabas. Estaba nervioso, pero era uno de los días tristes de mi vida.

Mi padre acababa de morir y aquel día recordaba que siempre decía que te conocía. Yo no le creía, pues no veía relación alguna entre vosotros dos. Tenía ganas de conocerte, pues siempre has sido una de las fotógrafas que más he admirado, pero cualquier recuerdo paterno era duro en aquellos momentos.

Durante la clase, en tu estudio, que más bien fue un encuentro entre amigos, fui descubriendo tu forma única de mirar de Isabel a través de tus vivencias, tu vitalidad y tu depurada técnica.

Isabel Muñoz

Porque eso es una de las cosas que más caracteriza tu trabajo. El tiempo que pasó hasta que encontraste un método para trasladar la piel al papel con toda su sensualidad y belleza de color. La platinotipia, ese proceso noble que perfeccionaste en Nueva York y que me imagino que te recomendó tu gran maestro Eduardo Momeñe.

La verdad que fue emocionante descubrir el espacio donde todo culmina y poder ver, tocar y oler (hay mucha química todavía en sus fotos) los negativos, los contactos y esas grandes copias que hasta entonces solo había visto en las galerías y en los museos.

Ahí estaban tus series dedicadas al tango, al baile, a un mundo cada vez más social e intenso y donde cada vez está más presente la denuncia social porque las cosas no son como deberían ser.

Las horas pasaron rápido, y en todo momento noté cómo no me quitabas ojo. Es verdad que no estaba en mi mejor momento, pero seguía la conversación con sumo interés.

Habana Vieja. Cuba 2001 de Isabel Muñoz

Habana Vieja. Cuba 2001 de Isabel Muñoz

Al finalizar el encuentro, me acerqué para darte las gracias y despedirme. Y recuerdo palabra por palabra lo que me dijiste:

-Tú eres hijo de Fernando.

– Así es. Entonces es verdad que te conocía…

Y me puse a llorar. Te quedaste petrificada. No dudaste en abrazarme y escucharme decir que hacia un mes que había fallecido. Enseguida trataste de animarme. Siempre he creído que conocerte fue uno de los últimos regalos de mi padre.

Desde entonces nos hemos visto unas cuantas veces. En tu estudio con tus chicas junto con Tofi, nuestro gran amigo en común, en conferencias, en galerías… Incluso en la presentación de una cámara en la que demostraste que eres incansable.

Te lo recuerdo por si te has olvidado. En el Matadero montaron un gran estudio con dos bailarines de Victor Ullate, una de tus grandes pasiones. La idea era enseñar a los presentes el funcionamiento de una nueva cámara de una importante marca. La cosa empezó con tranquilidad pero poco a poco sacaste a relucir tu ingenio.

Isabel Muñoz

Querías un salto perfecto de ambos bailarines. Te olvidaste de todo y te centraste en lo que importa, en conseguir una imagen inmortal. Daba igual que la gente se cansara (qué poco aguantan algunos), tú seguías disparando y enseñando a los que te seguíamos entusiasmados los resultados. Eres la prueba de que la cámara no hace al fotógrafo. Siempre te pongo de ejemplo. Y que la inspiración llega al que está trabajando.

Pero lo más gracioso fue que al final vino alguien con un precioso galgo. Y los presentes notamos que te subieron las pulsaciones. Toda la presentación había terminado, pero tú pediste, con toda la educación del mundo, hacer fotos al perro con un bailarín. Y el acto se alargó y alargó…

En fin. Me alegro muchísimo por tu merecido premio. Es una alegría que el trabajo, la creatividad y sobre todo la intensidad sea recompensada con un premio. Espero poder verte pronto para darte un abrazo.

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