Navia: cómo hacer un libro de fotografía

Miguel de Cervantes o el deseo de vivir es un libro y una exposición con motivo del IV centenario de la muerte del insigne escritor, realizado por Navia. Es la ocasión perfecta para descubrir cómo trabaja uno de los mejores fotógrafos que hay en este momento en España.

No hay mejor forma que recordar a una persona que pisando los lugares en los que vivió. José Manuel Navia ha recordado la vida de Cervantes en compañía de su cámara y estos días lo podemos ver en la sede del Instituto Cervantes de Madrid, hasta el 1 de mayo de 2016, y sólo por las tardes (sí señoras y señores, la sede del Instituto Cervantes en Madrid sólo abre por las tardes) Y para siempre tendremos el libro, destino ideal para las fotografías.

El reto era enfrentarme sin reservas, una vez más, a la difícil y apasionante relación que se establece entre imagen y palabra, entre fotografía y literatura, siempre sobre la base de la importancia que, como fotógrafo, concedo a la idea de huella frente a la de aura, es decir, a buscar esa revelación o «aparición de una cercanía, por lejos que pueda estar lo que la dejó atrás», en palabras de Walter Benjamin.

José Manuel Navia

En este trabajo, como siempre, veremos su luz, la luz Navia, la del amanecer y el anochecer, la del mal tiempo. Su firma, al fin y al cabo. En esta ocasión se arriesga y llega al extremo, a ese punto que tantas veces ha cruzado de la fotografía trepidada por la búsqueda del registro de una luz que se pierde. Quizás para simbolizar un tiempo y una forma de ser, que está a punto de desaparecer, como estar al fuego de la lumbre en medio de Castilla…

Primera fase

Porque como sabéis los que conocéis su trabajo, pocas veces hace fotos con un tiempo espléndido y prefiere buscar cuando cae el día o cuando el cielo esconde el azul tras las nubes. Esa es su marca personal, su estilo.

Con su equipo, se sumerge de forma racional en la historia que desarrollará en su estudio, documentándose con mapas, libros y todo aquello que le pueda dar ideas para afrontar su proyecto.

José Manuel Navia

Intenta no dejar nada en el tintero en este momento. Cualquier plano, libro o revista puede dar una información muy valiosa que no conviene olvidar. Para evitarlo lo mejor es una libreta que según avanza el tiempo se va llenando de datos y más datos. Él podría hacer una exposición solamente con sus libretas.

Cuando considera que ya tiene todo lo que puede necesitar para afrontar el proyecto con garantías, prepara su maleta, siempre pequeña para ir rápido, y sale por la puerta con su cámara y sin trípode, aunque arriesgue tanto con las luces que le gustan.

Segunda fase

Con una sencilla cámara réflex con objetivos fijos, el coche sin ostentación y la pequeña maleta, comienza la única fase irracional de su forma de entender un reportaje. Salir en la búsqueda de imágenes de una forma peculiar, como podemos aprender en sus conferencias:

Los fotógrafos no “disparamos”, hacemos fotografías. Odio el término “disparo”. Las fotografías no se disparan. Los fotógrafos no somos cazadores. Las fotos no están ahí para ser cazadas. No nos están esperando y tampoco huyen de nosotros. No, no. Los que se crean eso están muy equivocados. Las fotografías están en nuestra cabeza.

José Manuel Navia

En este momento siempre trabaja solo. No quiere distracciones, ni siquiera un teléfono móvil. Está pendiente en todo momento de lo que le rodea. Si llega una persona donde hay luz en la calle está ahí; si el sol cae en el horizonte, se acerca; si uncruza por delante de la torre de Belem, él le sigue, le fotografía y continua caminando hasta llegar a la pensión donde dormirá esa noche, y si la habitación lo merece, seguirá haciendo fotos bajo la tenue luz de una bombilla incandescente.

Tercera fase

Este proyecto no lo realizó en un solo viaje, fueron varias salidas con diversa fortuna. Desconozco cuándo da por terminado el momento irracional, pero llega un momento en el que toca volver a casa y enfrentarse con todas las fotografías.

José Manuel Navia

Su fiel equipo ya tiene hecha una preselección. No es amigo de disparar mucho, pero sí tiene mucho material por sus continuos viajes. En este caso tienen claro desde el principio que el objetivo es hacer un libro y una exposición. Eso les lleva a hacer una selección exhaustiva con la ayuda de un método muy eficaz: copias en papel en pequeño formato extendidas sobre una gran mesa o incluso en el suelo.

Este es de nuevo un método racional, donde las discusiones son frecuentes para conseguir colocar una foto u otra en el trabajo final. Hay que ver sus formas, sus colores, si se integran en la historia que se quiere contar.

Cuánto más seleccionemos y controlemos los elementos que aparecen en la imagen más nos encontraremos nosotros. La fotografía no tiene que ser la realidad. La fotografía tiene que ser fotografía. Un paso que os hará mejores fotógrafos es aceptar que la fotografía no es la realidad ni tiene porque serlo.

Al cabo del tiempo, cuando las fotografías empiezan a casarse unas con otras, y terminan por tener una estructura cerrada, le dan el visto bueno y se lanzan a revelar las fotografías en el ordenador, sin hacer alardes digitales como quitar un cable de un tendido eléctrico. La filosofía es la misma que la de antes del nacimiento de Photoshop.

Un taller con Navia

Esta es su manera de trabajar. Y le ha servido para crear algunos de los libros más potentes de los últimos tiempos, como el de Nóstos, Pisadas sonámbulas: lusofonías, Territorios del Quijote, Trece ciudades españolas

Ahora le toca el turno a Cervantes. Y coincidiendo con el aniversario y la exposición tenemos la oportunidad de asistir a un taller de Navia y el escritor Julio Llamazares que versará sobre la jugosa relación entre la fotografía y la literatura. Será en Arnedillo, el 9 y 10 de abril.

Este taller se plantea ante todo como un encuentro, una reflexión conjunta en torno a la jugosa relación existente entre literatura y fotografía, entre palabra e imagen, teniendo la ocasión de hacerlo a partir de distintos trabajos en los que ambos autores han colaborado. Si Llamazares es un escritor que puebla sus textos de imágenes literarias y, además, disfruta “leyendo” fotografías, Navia es un fotógrafo que en no pocas ocasiones “sueña” sus imágenes a partir de las palabras. Y ambos creen en la estrecha relación que se da entre esos dos lenguajes y en la feliz contaminación que se puede y debe producir entre ellos, siempre atentos a evitar el riesgo de que los textos hagan de pie de foto de las imágenes o que éstas sólo se utilicen para certificar las palabras.

Espero que podáis acercaros y disfrutar de un curso único. Yo sólo puedo decir que el curso que tuve con él me cambió como fotógrafo. Y seguro que al lado de Llamazares todo sólo puede mejorar.

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